
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Ómicron es la variante del COVID-19 con más prevalencia en Colombia. Con esto seguiremos viendo un aumento considerable en el número de contagios. El presidente Iván Duque lo dijo hablando con Radio Guatapurí: “Tenemos que prepararnos para tener ocho semanas con contagios que van a estar creciendo de manera exponencial, porque esa es la tendencia en el mundo. Tenemos que prepararnos para ver 30.000 e incluso 40.000 contagios diarios en algún momento”. La buena noticia es que la vacunación sigue siendo la mejor herramienta para defendernos, y los colombianos estamos cumpliendo con el reto histórico. Los picos que están por venir no serán tan graves como los que hemos sufrido.
Estamos viendo un fenómeno esperanzador en cuanto a ómicron: aunque los países están rompiendo los récords de contagios durante la pandemia, el número de fallecidos sigue reduciéndose. Como contó esta semana El Espectador, con base en datos de la Organización Mundial de la Salud, a pesar de tener 9,5 millones de contagiados a escala mundial, hubo 41.000 fallecidos, cuarta semana consecutiva de descensos en las muertes. Eso no significa que la situación esté controlada del todo ni que las muertes no puedan incrementarse en las próximas semanas, pero sí va de la mano con varios estudios científicos que muestran que ómicron es menos severa que la delta y las otras variantes que hemos experimentado.
En Colombia, al cierre de esta edición, el último reporte mostraba una ocupación de unidades de cuidados intensivos (UCI) del 56,5 %. Hay un aumento de los contagios, pero el número de personas fallecidas se ha mantenido estable. Aquí es necesaria la precisión habitual: cada persona que perdemos ante la pandemia es una tragedia que se agrega al duelo nacional y que muestra la lucha contra el COVID-19. Hablar de esperanza mientras decenas de familias colombianas se sumen en la tragedia diariamente es insuficiente. Por eso necesitamos conservar la cautela, seguir usando tapabocas, lavado de manos, distanciamiento social, aislamiento preventivo en caso de sospecha de contagio y, ante todo, fomentar que las personas se sigan vacunando y recibiendo su dosis de refuerzo.
Las vacunas están funcionando. Su prevalencia en Colombia ha servido para reducir los síntomas, y con esto bajar las hospitalizaciones y el número de fallecidos. El presidente Duque explicó que “es un deber moral y ético vacunarse para protegernos y para proteger a los demás”. Estamos de acuerdo. Entre más personas tengan la vacuna y su esquema completo, se reduce el riesgo de todos. Para que las tragedias no sigan ocurriendo, para bajar al máximo ese número de fallecidos, la solidaridad sigue siendo la respuesta.
No hay que temer, pero tampoco es momento para relajarse. Como dijimos antes de cerrar el año pasado: por primera vez le llevamos ventaja al COVID-19. Es una situación frágil que podríamos perder si bajamos la guardia. Tampoco podemos olvidar a los trabajadores del sistema de salud, que llevan dos años luchando contra la pandemia, con problemas crecientes de salud física y mental, y que necesitan nuestro respaldo. Sí, nos tocó seguir hablando de COVID-19. Pero en nuestras manos está que el discurso haya dejado de ser catastrófico para siempre.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.
Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.