Bogotá debe ser capaz de convertirse en una ciudad que funcione las 24 horas del día. No solo por su número de habitantes, sino por su ambición de ser un referente en las economías culturales y de eventos. Sin embargo, el camino está lleno de obstáculos, como los problemas de seguridad y la falta de un transporte público capaz de operar de manera continua. En ese marco, el anuncio del permiso para rumbas hasta las 5 a. m. que hizo la Alcaldía Distrital es un experimento que va en la dirección correcta y que debe servir como inspiración para seguir profundizando las capacidades de la capital.
En entrevista con Noticias Caracol, el secretario de Gobierno, Gustavo García, explicó la medida: de 27 zonas estudiadas, el Distrito decidió habilitar 19. La disposición solo aplica para bares y discotecas y será evaluada cada seis meses para entender su impacto. En particular, la Alcaldía prestará atención a las cifras de seguridad y al cumplimiento de las normas contra el ruido. La Secretaría de Gobierno también aclaró que la idea es focalizar la presencia del Estado en estas zonas; además de la Policía, se espera desplegar entidades distritales y encontrar maneras de que los ciudadanos puedan usar el transporte público.
La decisión ha sido celebrada por el gremio nocturno. Según la Asociación de Bares y Restaurantes de Colombia, el año pasado fue difícil para este sector en Bogotá: se estima una caída del 23 % en la actividad y un 30 % de reducción en los ingresos. Si a esto se le suma el aumento de impuestos y costos laborales, junto con la inflación, muchos dueños de negocios se sienten asfixiados. Las dos horas adicionales no implican mayores cambios logísticos, pero sí representan la posibilidad de ingresos extra. Como la medida entró en vigor a finales del año pasado, los primeros resultados son positivos.
Las principales voces en contra han sido los vecinos de las zonas elegidas. Su preocupación es entendible ante el histórico incumplimiento de las normas y el temor al aumento de la inseguridad. El Distrito ha respondido que esta decisión permitirá identificar y sancionar a los establecimientos que no sigan las reglas. El diablo está en los detalles: ¿se cumplirá la promesa de presencia estatal o será un calvario más para los residentes?
Hecha esa advertencia, es una buena noticia que Bogotá siga apostando por ser una ciudad nocturna. Por la dinamización de la economía y el fortalecimiento del turismo, es útil que la capital se entienda como un espacio que provee servicios las 24 horas. Siempre y cuando eso no signifique, desde luego, que haya ciudadanos que no puedan dormir contra su voluntad.
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