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Bienvenidos los cambios al Esmad

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26 de agosto de 2022 - 05:00 a. m.
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Por supuesto que el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) no podía desaparecer, como en varias ocasiones durante la campaña lo propusieron algunos candidatos, incluido el presidente Gustavo Petro. Ahora, desde la Casa de Nariño y con nueva cúpula en la Policía Nacional, parece que el mandatario entendió y la orden es mucho más razonable: un cambio contundente en la estructura y el actuar de la Policía cuando se presenten disturbios en las manifestaciones. Si se implementa de manera adecuada, puede por fin ayudar a romper el triste historial de malos comportamientos que hemos visto en los últimos años. Así que bienvenida la Unidad de Diálogo y Acompañamiento a la Manifestación, cuyos buenos propósitos ojalá no se queden solo en cambios estéticos.

El Esmad está en el centro de los peores recuerdos recientes de Colombia. Fue esta unidad de la Policía la que abusó de la fuerza y se convirtió en un símbolo de las extralimitaciones estatales, de gobiernos incapaces de dialogar, de ciudades en caos y de víctimas civiles, incluyendo muertos y personas con lesiones oculares. Lo dijo la Corte Suprema de Justicia en una sentencia histórica: “La Fuerza Pública, en especial el Escuadrón Móvil Antidisturbios, constituye una amenaza seria y actual para quien pretenda salir a movilizarse para expresar pacíficamente sus opiniones, porque su actuar, lejos de ser aislado, es constante y refleja una permanente agresión individualizable en el marco de las protestas”. Con razón había serias dudas sobre la democracia colombiana.

El problema es que el gobierno anterior no aceptaba las críticas. Tampoco lo hacía la cúpula de la Policía Nacional. Se hablaba de “manzanas podridas”, el entonces presidente Iván Duque salió vestido de policía justo cuando miembros de la institución habían asesinado a un civil y los distintos ministros de Defensa se concentraban en criticar a los “vándalos” que causaban los estragos. El discurso imperante era que cualquier crítica al actuar de la Fuerza Pública atacaba su legitimidad y la moral de sus miembros, algo completamente errado. Lo que no vieron es que al no haber una discusión seria sobre reformas estructurales, los colombianos empezaron a perder la necesaria confianza en aquellos que están encargados de protegerlos.

Por eso, bienvenidos los cambios. Como dijimos, era imposible desaparecer el Esmad. Lo reconoció Henry Sanabria Cely, nuevo director de la Policía, en charla con Noticias Caracol: todo cuerpo policial “requiere una fuerza de contención cuando se desborda una manifestación y se torna violenta”. Tiene razón. El tema está en cómo se entrena a esa fuerza, qué protocolos se siguen, cómo es la interacción con la ciudadanía y qué mecanismos de rendición de cuentas se implementan. En ese sentido, los cambios anunciados van por buen camino.

Además de la modificación en el nombre, la Unidad de Diálogo y Acompañamiento tendrá dos divisiones: una vestida de negro, encargada de intervenir cuando hay actos de violencia, y otra con cascos blancos y azules, cuya función, según el director de la Policía, será “moderar en la ciudadanía y acompañar a los policías. Si en esas confrontaciones alguien trata de salirse de casillas, este dispositivo será el encargado de sacarlo del sitio”. Algunas tanquetas también serán usadas como ambulancias móviles para atender a las personas que lo necesiten. Es difícil predecir cómo todo esto se desempeñará en momentos de crisis, pero por lo menos desde el cambio de mentalidad hay, por fin, un debate necesario sobre la Fuerza Pública colombiana.

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