La búsqueda de la verdad es un homenaje

¿Es irresponsable cuestionarse e investigar, siempre con rigor, la posibilidad de que se nos haya quedado algo entre los enormes vacíos que ofrece la versión oficial de ciertos hechos?

Este trabajo de investigación, además de arrojar nuevas luces sobre temas que parecían saldados, propone preguntarnos cómo venimos construyendo memoria y verdad en Colombia. / Ilustración: Anderson Rodríguez

Sin importar el modo, la muerte de cualquier humano es una tragedia sin nombre. Y no deja de serlo aun cuando pasen los años, ni tampoco si nuevos elementos hacen pensar que la verdad de dicha tragedia no está cerrada por completo. El hecho de investigar, de permitir que otras teorías vean la luz, de tratar de ahondar en la dura historia de Colombia, no invalida el dolor ni el duro pasado que hizo tristemente célebre al país en el exterior.

No ha sido otra la apuesta de El Espectador al adentrarse en una investigación periodística —que no judicial— de largo aliento acerca de lo que sucedió con el HK 1803, en un vuelo comercial tristemente célebre por haber explotado en el aire minutos después de su despegue el fatídico 27 de noviembre de 1989 y que se identificó siempre como parte de una serie de atentados terroristas que estremecieron a Colombia ese año.

La decisión de hacer una entrega diaria para presentar los muchos elementos de una versión desconocida de la historia, 27 años después, no pretende nada distinto de mostrar revelaciones que, a la luz del tiempo y del periodismo, son valiosas para tratar de esclarecer cuáles fueron las circunstancias en las que murieron 107 personas. Esta investigación, que algunas víctimas han sentido como una invalidación de su dolor o una “revictimización”, apenas responde al interés que cualquier periodista serio puede tener: esclarecer hechos, atar cabos y dar a conocer verdades ocultas para hacer análisis certeros y dar visiones completas, sin apasionamientos, acerca de hechos complejos. Tratar de descalificar la investigación sin haberla leído o hacer ver en el número de entregas un propósito comercial, es ridículo, más aún cuando se puede leer de forma gratuita en nuestra plataforma digital.

Este trabajo de investigación, además de arrojar nuevas luces sobre temas que parecían saldados, propone preguntarnos cómo venimos construyendo memoria y verdad en Colombia. Mucho se ha hablado, en vísperas de un complejo posconflicto y con las lecciones de varias desmovilizaciones de grupos armados que han contado con distintos grados de éxito en cuanto de esclarecer la verdad se trata, sobre la importancia que tiene poder decirles a las víctimas, y al país entero, con exactitud lo que ocurrió.

En esta Colombia de violencias que a menudo se presentan como irracionales y de tragedias incomprensibles, la construcción de la memoria se ha tenido que hacer a las carreras, con escasos recursos y a menudo reduciéndola a investigaciones judiciales ligadas en su mayoría a las confesiones de los criminales, a cambio de beneficios en sus penas. ¿Es irresponsable cuestionarse e investigar, siempre con rigor, la posibilidad de que se nos haya quedado algo entre los enormes vacíos que ofrece la versión oficial de ciertos hechos? ¿Por qué la descalificación inmediata a un trabajo juicioso sin siquiera esperar a que esté publicado integralmente? ¿Por qué asumir la mala fe de quien hace preguntas incómodas pero necesarias?

No pretendemos en ningún momento proclamar este reportaje como el portador de la verdad absoluta sobre un tema complejo. Esa no es su intención, ni es nuestra función. Lo que sí buscamos es darle visibilidad a una serie de hallazgos y denuncias que nos invitan a cuestionar lo que hemos dado por cierto durante muchos años y también a repensar las formas en que construimos memoria histórica en Colombia. Que los hechos sean incómodos, no les quita su validez, respaldada por una investigación consciente de la responsabilidad que le exige el tema que abarca.

Si hay motivos suficientes para dudar y seguir indagando, como creemos que los hay según lo demuestra este reportaje, es nuestra obligación con las víctimas y con el país aportar, desde el periodismo, al proceso de construcción de verdad. ¿Qué mejor homenaje, ante la tragedia, que buscar esclarecer los hechos?

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected]

 

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