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Cazar al Chapo II

LA ESPECTACULAR FUGA DE JOAquín el Chapo Guzmán, por segunda vez, parece una tragicomedia del cine mexicano.

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El Espectador
20 de julio de 2015 - 02:00 a. m.
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No en vano ha sido calificada como una burla y un desafío a México, y como una cachetada al presidente Enrique Peña Nieto, pues deja de nuevo en evidencia los gravísimos problemas de corrupción y el poder del narcotráfico. La cacería del capo comenzó de inmediato, por ahora sin resultados, mientras ruedan algunas cabezas de funcionarios de bajo nivel.

Al llegar de Francia, donde había sido invitado especial a las celebraciones de la independencia, Peña Nieto dijo que “el gobierno de la República asume plenamente la tarea que implicaba mantener plena vigilancia sobre este delincuente”. Curioso manejo del lenguaje para no decir de manera directa que se responsabiliza por su fuga. Vea pues. Lo cierto es que el presidente no acababa de levantar cabeza luego de lo ocurrido el año anterior en Ayotzinapa, tras el asesinato de 43 estudiantes que lo llevó a bajar en picada en su popularidad, cuando le cae un nuevo hecho bochornoso que lo deja muy mal parado adentro y afuera.

Se habla ya de más de 10.000 policías federales, con el apoyo de la DEA e Interpol, tras las huellas del Chapo. Una de las primeras conclusiones es que el capo seguía manejando tras las rejas su enorme negocio. Y que, a pesar de todo el esfuerzo de las autoridades para neutralizarlo, untó la mano de demasiadas personas, como lo hizo la primera vez, para su fuga.

Es inevitable recordar el escape de Pablo Escobar de La Catedral y lo que significó para Colombia. Ambos capos construyeron una imagen popular de mecenas inmortales. Hombres de familia y asesinos despiadados. Pero Escobar fue abatido poco después por la Fuerza Pública. En México son nueve los grandes carteles con más de 40 subgrupos que operan a sus anchas a pesar del esfuerzo de las autoridades. El cartel de Sinaloa, liderado por Guzmán, es el más grande, con actividades en cerca de 50 países. Uno de los cargos que se le imputan en EE. UU. es el de lavar activos por más de 14 mil millones de dólares. Esto explica el poder de estas multinacionales delictivas y su infinita capacidad de corrupción, que ha penetrado a la sociedad mexicana tal y como en su momento ocurrió aquí.

El Gobierno de EE. UU. había alertado a las autoridades mexicanas sobre la posibilidad de la huida de Guzmán de El Altiplano, la cárcel de máxima seguridad donde estaba desde hace 16 meses, y habían solicitado su extradición dos semanas antes del escape. ¿No hubiera sido mejor pasarle esa papa caliente al país vecino? Con el regreso del PRI disminuyó la extradición de narcos. El argumento era que primero pagaría sus fechorías en México. Como dijo el anterior fiscal general, Jesús Murillo Karam, “el Chapo se tiene que quedar aquí a cumplir su condena y después lo extradito. Unos 300—400 años después”. Aunque primó el orgullo patrio, el exceso de nacionalismo fue el escenario ideal para un hombre que sabe manejar muy bien los resortes del poder y de la corrupción.

Los ojos están puestos en la cacería, que se espera tenga prontos resultados. ¿Llevará el retorno de Guzmán a una nueva guerra entre los carteles o buscarán alianzas estratégicas, así sean temporales, para enfrentar al Estado? Y, al final del día, ¿quién le pone el cascabel al Chapo? Todo está por verse.

 

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Por El Espectador

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