14 Aug 2020 - 5:00 a. m.

Cinco vidas arrebatadas que exigen una reacción

El Espectador

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El horror es la primera reacción. Cinco adolescentes masacrados en Cali. Cinco jóvenes entre 13 y 17 años que salieron como amigos y se encontraron de frente con un país violento. Lo peor es que se trata de una tragedia anunciada, en un barrio donde se ha reportado el reclutamiento forzado por grupos ilícitos. Es una mezcla que conocemos muy bien y, sin embargo, no hemos podido solucionar: desigualdad social, falta de acceso a la institucionalidad, falta de presencia del Estado y grupos ilegales bien financiados que no tienen respeto alguno por la vida. La pobreza, que es una herencia histórica, desencadena en situaciones como esta.

Las autoridades todavía no saben qué ocurrió. Según lo reportado por El País de Cali, se manejan tres posibles hipótesis. Una es que los intentaron reclutar a la fuerza y, al negarse, fueron asesinados, como ya ha ocurrido en otros casos. Otra es que fueron víctimas del exterminio que ciertos grupos hacen bajo el nombre de “limpieza social”. También se ha considerado la posibilidad de que hayan entrado por error a un predio privado y la respuesta del dueño fue la violencia. Tal vez lo más diciente es que cada una de esas situaciones es palpable en una sociedad que, aquel martes 12 de agosto, vio 11 homicidios, entre los que se contaron los cinco adolescentes.

Exigimos a las autoridades darle respuestas al país. También ofrecemos nuestras condolencias a las familias. Compartimos su horror y los acompañamos en el sentimiento de desolación.

Ahora, el reto es encontrar cómo reaccionar de la mejor manera. La masacre es un síntoma cruel de un problema histórico. Cali se ha convertido en un espacio de recepción de migrantes provenientes del litoral Pacífico, que buscan mejores oportunidades, y al llegar a la ciudad se ven atrapados por la violencia y la pobreza que persiste. La pregunta es cómo podemos acompañarlos, cómo podemos reducir el impacto de los grupos ilícitos, cómo cumplimos la promesa de un país con igualdad de condiciones para todos los colombianos. La respuesta debe darse con urgencia, pues ya hemos visto que estamos en una crisis que continúa.

La Comisión de la Solidaridad con los Municipios Afrocolombianos sugirió “la creación de una mesa regional donde confluyan los alcaldes y otros actores relevantes de los municipios desde donde se genera la movilidad social hacia Cali, con el propósito de identificar causas reales, y sobre estos elementos plantear soluciones estructurales”. Debería hacerse. El Gobierno Nacional también debe incluirse en las conversaciones. Asimismo, convocamos a la cooperación internacional. Para superar una situación con raíces profundas, el impulso debe ser vehemente y fuerte. ¿Existe el compromiso político para tomar las decisiones necesarias? ¿O la región seguirá sumida en los atrasos ya conocidos?

La mejor manera de honrar a los adolescentes y de reparar a sus familias es entender su tragedia como un mandato. Después del horror tiene que venir la acción.

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