
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
A Colombia y al mundo entero les conviene una Unión Europea fuerte, coordinada y, ante todo, defensora de la democracia y la solidaridad. En el marco de los 30 años del acuerdo que hoy cuenta con 27 países en un mercado unificado bajo el euro como moneda y el Parlamento Europeo como instancia normativa supranacional, hay serias discusiones sobre cómo debe ser el futuro de uno de los principales aliados de Colombia en la escala global. La respuesta, nos parece, debe enfocarse en más independencia, más participación política prodemocracia y más empatía al adoptar políticas monetarias.
Entre todas las virtudes de Angela Merkel como canciller alemana, un aspecto problemático fue su liderazgo europeo. Al imponer políticas de austeridad que se convirtieron en realidades crueles para los países en crisis económica, ancló a la Unión Europea a una concepción ortodoxa de la economía que en la práctica le ha hecho perder poder. Su ambivalencia constante hacia el creciente autoritarismo de China y de Rusia también sentó un precedente político nefasto que, entre otras, ha creado complicaciones al lidiar con la deriva autoritaria de Hungría y Polonia, dos países de la Unión.
Es momento, entonces, de modificar el rumbo. Emmanuel Macron, presidente francés, ha dicho que es tiempo de que la Unión Europea haga sentir su soberanía y reivindique los valores con los que fue fundada. Estamos de acuerdo. Como dijeron Piotr Buras y Jana Puglierin, expertos en relaciones internacionales del European Council on Foreign Relations: “La política de permanecer neutrales y evitar soluciones duras a los problemas de Europa no parece ser un enfoque viable para los desafíos futuros”.
Con la democracia estadounidense convirtiéndose también en una pregunta abierta, la Unión Europea debe convertirse en un bastión de resistencia liberal. Las elecciones en Alemania, por ejemplo, fueron una necesaria inspiración para el mundo. La diplomacia europea necesita coherencia: no conformarse con promover democracias en sus fronteras, sino apoyar a todos los Estados que se están oponiendo a las derivas autoritarias en el mundo.
Lo propio debe ocurrir en políticas fiscales, que necesitan ser más solidarias, y en los planes de recepción de migrantes, que están en mora de reconocer el rol de Europa como refugio para un mundo plagado de conflictos. En cambio climático, un acuerdo que cumpla con su promesa de reducir en un 55 % las emisiones para el 2030 puede servirle de modelo al mundo. Lo mismo podría pasar con sus regulaciones antimonopolios de empresas como Facebook y Google, las cuales necesitan un contrapeso serio por parte de los creadores de políticas públicas.
La Unión Europea ha sido una aliada fundamental de la paz en Colombia. Su apoyo durante los diálogos y luego en la implementación de lo pactado, así como su constante vigilancia en temas de derechos humanos, ha sido clave. Los lazos económicos y educativos con varios países de la Unión han servido para fortalecer nuestra democracia y nuestros tejidos sociales. Por eso nos conviene que Europa retome sus principios y le haga frente al autoritarismo global. Que los próximos 30 años de la Unión sean un referente de libertad, solidaridad e innovación.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.
Nota del director: Necesitamos de lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.