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¿Compensación?

A pocos días de que el presidente Juan Manuel Santos anunciara en un discurso los logros económicos y laborales de su gobierno, ya es hora de empezar a aguar la fiesta y hablar de las alzas que tendrán los distintos productos que se venden en Colombia.

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El Espectador
02 de enero de 2014 - 11:00 p. m.
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Cosa que, claro, no brilla tanto en los discursos. Poco dura tanta dicha cuando se habla en términos reales. En lo que toca al bolsillo de un colombiano común cuando ve que, de un año a otro, tendrá que pagar más por lo mismo.

Es cierto, la cosa es distinta de como era hace más o menos una década: al menos ahora el aumento está diferido en el tiempo, se siente menos duro que el golpe inicial de antes, que venía luego del derroche navideño. Igual, aumento es, e igual, se hará efectivo, para pesar de muchos. Lo mejor es actuar a prevención y tener ojo atento a estos cambios. Pero, sobre todo, pensar en una alternativa para plantear las políticas públicas que afectan la economía.

Es obvio que muchos de los precios subirán por obra del incremento que tuvo el salario mínimo el año pasado: las multas de tránsito, el costo de los parqueaderos, las obligaciones tributarias, los trámites legales. Muchos. Otros, como las tarifas notariales o el aumento en los peajes tendrán que ver con los movimientos que registre el IPC. La variación en predios y en pagos por arrendamiento estará atada a la inflación, que será definida el sábado próximo y que los que saben del tema infieren que será cercana al 3%. Todo un paquete de noticias que, como es común informar por esta época, sirve para preparar las finanzas del año que empieza. A quien pueda, eso sí. ¿Es lo justo? Esa es la pregunta que, más allá de toda lógica económica, deberían estar haciéndose nuestros dirigentes.

Decíamos en este espacio el domingo pasado que el aumento del salario mínimo tomó por sorpresa hasta a los más pesimistas. El cálculo que se hizo para fijarlo —acordado entre centrales obreras y empresarios, cosa que, por demás, ya es positiva— se hizo a prevención y resultó dos puntos por encima de lo que creíamos todos. La diferencia en plata blanca no es mucha. Pero para los empresarios y la economía del país sí lo es.

Sin embargo, preguntamos de nuevo, respecto a los aumentos que se verán en los precios, ¿es lo justo? Cálculos de libreta en mano podrían hacerse muchos. Dependiendo de la situación particular de cada cual, las cosas cambiarían. Entrar a evaluar las distintas opiniones de quienes acá tienen una partida es inoficioso también: cada uno tendrá una razón política que exponer.

Lo cierto es que, mientras el salario mínimo aumentó, y con él la base para todos los demás, las cosas que uno compra lo van a hacer al mismo tiempo, dejando una especie de desazón en quienes viven en este país. Es como una especie de compensación que se hace, lógica, racional, claro, pero que deja un sinsabor.

Es por eso que, de nuevo, insistimos en que en Colombia se abra un verdadero debate sobre lo que puede hacer una persona con un salario como el mínimo. Y de ahí para arriba. Más que una cifra que no se tiene en cuenta en el mundo de la informalidad (que ha bajado, es cierto) debería constituir un paquete entero con el que, sin importar las alzas de Año Nuevo, una persona pueda vivir dignamente: así, escalonado, por regiones, por edades, teniendo en cuenta otros factores más allá de las variables económicas. Si no, la buena intención del Gobierno puede verse absorbida por la realidad.

Por El Espectador

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