Concepto desfavorable

GRAN REVUELO CAUSÓ LA NOTICIA de que la Universidad de la Sabana, como institución, se oponía de manera tajante a la adopción de menores de edad por parte de parejas del mismo sexo.

Ahí pudimos conocer los pormenores del documento que envió hace poco a la Corte Constitucional, desde su Facultad de Medicina, a propósito de la decisión que esta entidad debe tomar pronto: “las personas homosexuales y lesbianas merecen nuestro respeto como personas, pero hay que señalar que su comportamiento se aparta del común, lo que constituye de alguna manera una enfermedad”, expresó el profesor Pablo Arango, asociado a esa universidad.

Extraña postura a estas alturas, alejada del común consenso que existe en la ciencia médica alrededor del tema: es un hecho incontrovertible hoy entre los estudiosos que los homosexuales no son ningunos enfermos. Tenemos esa certeza científica más o menos desde 1970, cuando fue teorizada por primera vez, y luego la confirmamos hace 25 años por cuenta de la Organización Mundial de la Salud, que decidió retirarla de la lista de enfermedades psiquiátricas. No son enfermos, punto. Tratarlos como tales implica el desconocimiento de una realidad que alimenta una discriminación sorprendentemente vigente en pleno siglo XXI, cuando todo esto debería ya haber sido superado.

Este episodio sirve, y mucho, para retratar con fidelidad que hay miembros de esta sociedad (los más, por lo que nos podemos dar cuenta), que, ante la inminencia de una decisión tan importante como la adopción de muchos niños que no cuentan con hogar, prefieren sacar prejuicios antes que argumentos. Peor aún, que esas creencias generalizadas, no probadas, lleguen a conceptos científicos a los que les reviste cierto peso y legitimidad. Ya estamos muy crecidos en la historia como para referirnos a una comunidad minoritaria como enferma. Eso en nada ayuda al debate.

Enhorabuena, ante la oleada de críticas, la Universidad de la Sabana decidió retractarse a través de varios recursos. Aunque lo hizo de una manera pintoresca, por decir lo menos: primero, un comunicado en el que en la práctica reivindica todo, basándose en los últimos sondeos y encuestas que ha habido sobre el tema en los medios de comunicación. Luego, Victoria Cabrera, coordinadora de investigación del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, dijo que no, que la homosexualidad no era una enfermedad, pero que sí era bastante el riesgo que tenía un niño cualquiera a merced de dos papás o dos mamás: “los niños criados por homosexuales presentan baja autoestima, estrés, inseguridad respecto a su vida futura en pareja y tener hijos”, dijo. Aunque, añadió, los homosexuales eran personas valiosas. Valiosas pero no iguales a los heterosexuales, mejor dicho, porque a sus hijos adoptados les va peor. Finalmente, la universidad retiró el concepto de la Corte Constitucional: que por favor no lo tuvieran en cuenta en la discusión.

Todas las personas tienen derecho a la retractación. Bien por la Sabana, entonces. Pero igual da mucho de qué hablar su actitud tan acelerada y contradictoria en tan pocos días. Llegó la hora de llenar este debate de argumentos. Llegó la hora de quitarnos, por una sola vez, el velo de los mitos, que esconde nuestra más descarnada discriminación.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected] /

 

últimas noticias

Anticonceptivos al alcance de todos

Las personas trans no son enfermas mentales

No nos quedemos en un homenaje a Paola Melissa

Es un imperativo moral aprobar la JEP

Vuelve la selección que nos une