Confiar en las personas en las redes sociales

¿No es más útil a la democracia que la gente sea la encargada de juzgar y escoger la información que reciba, sin influencia de un tercero?

Son inadecuados los llamados que le piden a la red social castigar mediante su algoritmo las noticias falsas. / Foto: AFP

Después del triunfo de Donald Trump en las elecciones a la Presidencia de Estados Unidos, muchas personas han decidido culpar a un actor inusual: Facebook. La difusión de noticias falsas, ayudadas por el algoritmo de esa red social, afectó el ejercicio democrático, argumentan los críticos, y no les falta razón. En un mundo donde cada vez más personas se informan exclusivamente a través de esa red y de Google, ¿cuál debería ser el rol de esas empresas en la forma de presentar los contenidos? Nos preocupan los llamados a la instauración de un censor como solución.

La posición que pretende que Facebook reconozca su responsabilidad es persuasiva. Durante las elecciones estadounidenses, por ejemplo, un artículo que decía que el papa Francisco había apoyado la candidatura de Trump se compartió más de un millón de veces. Lo propio pasó con uno que insinuaba que un agente del FBI involucrado con la investigación en contra de Hillary Clinton había sido asesinado, según cuenta Zeynep Tufekci en The New York Times.

Por su parte, Buzzfeed publicó una investigación donde encontró que un grupo de jóvenes de Macedonia se dedicaba a crear páginas de noticias falsas que se volvían virales en Facebook y así conseguían ingresos por publicidad. Un dato curioso: estos jóvenes concluyeron que las noticias falsas que apoyaban a Trump se esparcían mucho más que las relacionadas con la izquierda estadounidense.

Es irreal, como pretende Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, asumir que estas noticias falsas no afectan las elecciones. “Es una idea loca pensar que las noticias falsas afectaron la elección”, dijo la semana pasada. Lo hemos visto aquí en Colombia también. ¿Cuántos problemas no hemos tenido por artículos como aquel que hacía pasar un libro pornográfico como una cartilla del Ministerio de Educación? Resulta simplista dar por sentado que las personas toman todas sus decisiones con base en falsedades, pero los ciudadanos sí tendemos a no cuestionar aquello que deseamos creer, y eso ocurre desde antes de la internet.

Surge, entonces, la pregunta: ¿qué debería hacer Facebook? Son inadecuados los llamados que le piden a la red social castigar mediante su algoritmo las noticias falsas. ¿No equivale esto, precisamente, a darle a una empresa privada autoridad de censor sobre la información? ¿Qué criterios se utilizarían para discriminar una información de la otra? ¿Cuál es el límite? ¿No es más útil a la democracia que la gente sea la encargada de juzgar y escoger la información que reciba, sin influencia de un tercero?

Claro, el problema se complica cuando se considera el otro gran pecado de las redes sociales, y es esa burbuja en que encierra a sus usuarios. Si el algoritmo está diseñado sólo para mostrarnos aquello que nos pueda hacer sentir tranquilos, o reafirmar nuestras creencias, se está creando el ambiente perfecto para la difusión de la desinformación incuestionada. Una mejor solución sería pedirle a Facebook y a Google que hagan más evidente ese aislamiento a los usuarios, que les presenten fuentes más variadas y que cada persona decida si prefiere sólo escuchar a los suyos o hacer parte de un debate más amplio. Perdemos mucho si una fórmula matemática sigue decidiendo eso a escondidas, más cuando el 44 % de los estadounidenses se enteran de sus noticias por Facebook y el 85 % de los latinoamericanos usan esa red social (según Internet Media Services y Comscore).

El llamado, en últimas, debe ser siempre a la ciudadanía: confiar en que entenderá la importancia de cuestionar la información y de investigar por su propia cuenta. Una mejor democracia no se va a conseguir dándole a Zuckerberg autoridad como censor.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

 

últimas noticias

La vida y obra de Alberto Donadio Copello

Se agota la paciencia