Continuidad en los ministerios

Más allá de la buena voluntad y la disciplina, que abundan en quienes han llegado a la cartera de Educación, es inevitable sentir que la falta de estabilidad va en desmedro de los intereses reformistas del Gobierno

Conocedores de las capacidades gerenciales de Yaneth Giha y, por tanto, de conformación de buenos equipos, nos preocupa qué tanto podrá hacer en los dos años que le quedan a la administración Santos para adelantar las reformas estructurales necesarias en el sector.Archivo El Espectador/Luis Ángel

Después de un mes de interinidad, el presidente Juan Manual Santos ha llenado el vacío en la cabeza del Ministerio de Educación. Yaneth Giha Tovar, quien acababa de cumplir dos años como directora de Colciencias, llega a liderar una de los áreas que mayor énfasis han recibido del Gobierno, con varios retos por delante. Conocedores de sus capacidades gerenciales y, por tanto, de conformación de buenos equipos, nos preocupa sí qué tanto podrá hacer en los dos años que le quedan a la administración Santos para adelantar las reformas estructurales necesarias en el sector y, también, que perdure en el Ejecutivo la cultura de nombrar funcionarios que no son expertos en los temas de sus carteras.

El presidente Santos definió tres ejes para su gobierno: la paz, la equidad y la educación. En un gesto no menor, el presupuesto de este año del Ministerio de Educación, de 31 billones de pesos, es superior al de Defensa. Incluso con el apretón de cinturón del Estado, Educación fue de los menos afectados. El objetivo es ambicioso y ha sido reiterado en varias ocasiones: que Colombia sea el país mejor educado de América Latina en el 2025.

Sin embargo, y especialmente en un sector donde los procesos toman tiempo y los resultados sólo se pueden evaluar con el paso de varios años, la inestabilidad ha dejado a medias la visión de los funcionarios encargados. En los seis años de este gobierno, por ejemplo, ha habido tres ministras de Educación y cinco directores de Colciencias. Así, ¿cómo se formulan y llevan a cabo los cambios complejos que son necesarios?

Es una consideración lógica: manejar un ministerio no es tarea sencilla. Aprender y entender cómo funcionan las relaciones con los distintos actores toma tiempo, y entrar en debates que llevan años en desarrollo, requiere tiempo de estudio. Más allá de la buena voluntad y la disciplina, que abundan en quienes han llegado a ocupar esta cartera, es inevitable sentir que la falta de estabilidad política va en desmedro de los intereses reformistas del Gobierno.

Este no es un pecado, por supuesto, que sea exclusivo de la administración Santos, ni mucho menos del sector educativo. Abundan en la cultura política los cargos con puertas giratorias que, por no apostar por el largo plazo, se reducen a fomentar programas fugaces, útiles pero que o no atienden las necesidades de fondo o sirven más que nada a la imagen del funcionario de turno.

Lo anterior se ve acentuado cuando las personas que llegan a los puestos no tienen experiencia particular en los temas de su cargo. Más allá de su tiempo en Colciencias y de una asesoría al Ministerio de Educación, la competencia de Giha Tovar, economista, la ha desarrollado en el sector de Defensa. No dudamos de su capacidad de gerencia y que dedicará el tiempo que sea necesario para estar a la altura de los retos de la cartera. Sin embargo, ese es precisamente el obstáculo principal: además de que el plazo de su nombramiento es reducido, la lejanía con los debates de la rama supone un esfuerzo mayor.

Cierto es que el manejo del sector también requiere de habilidades administrativas, pero si las metas y la discusión en torno a la educación se han centrado en los temas de calidad, entendida como preparación, ¿no debería el Ministerio estar a cargo de alguien con amplias credenciales en esos asuntos?

Dicho esto, esperamos que la nueva ministra pueda sortear la tarea difícil que le ha sido encomendada. Respaldamos con vehemencia la apuesta por la educación y la necesidad de llenar a los niños y jóvenes de oportunidades como eje central para atacar la brecha de desigualdad que nos debe avergonzar en este país.

Y esperamos que nuestros líderes se sacudan de esa cultura tóxica de la inmediatez y empiecen a ver la importancia de respaldar procesos de largo aliento.

 

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