¿Cuántos más?

Varios líderes sociales se presentaron en múltiples medios de comunicación exigiendo que el país no los olvide. / Foto: Archivo El Espectador

Luis Manuel Salamanca era antropólogo y docente universitario. Tenía 64 años y vivía en el municipio de San Agustín, Huila. Cristian Camilo Julio Arteaga era un médico que estaba haciendo su rural en El Bagre, Antioquia. Tenía 22 años. Ambos fueron asesinados en los últimos días.

Aunque las causas de sus muertes están por esclarecerse, los hechos generaron desazón en la ciudadanía y comparten algo en común: ocurrieron en zonas donde la disputa territorial entre el Estado y diversos actores armados ilegales está al rojo vivo. No están, entonces, muy lejos de las condiciones de los cientos de asesinatos de líderes sociales que hemos venido lamentando en los últimos años.

Según contó Blu Radio, Salamanca estaba realizando una de sus caminatas habituales cuando lo interceptaron dos sujetos que le dispararon. El alcalde de San Agustín, Ever Bolaños, dijo que “no se conocía una amenaza, era una persona que económicamente es de bajos recursos”.

En cuanto a Cristian Camilo Julio Arteaga, tampoco es claro el motivo que llevó a su muerte, pero seis médicos abandonaron El Bagre en menos de 24 horas por miedo a que su seguridad también esté en peligro. La Asociación de Facultades de Medicina de Colombia (Asfacome) pidió protección por parte del Estado para los profesionales que ejercen en ese municipio.

La conmoción nacional por estos hechos es entendible. Aunque, en efecto, puede que los motivos para los homicidios no se enmarquen dentro de las luchas que se están dando en Colombia entre el Estado y diversos actores, sí ocurrieron en zonas donde es particularmente escabroso ver la facilidad con que actúan los criminales.

Ayer, varios líderes sociales se presentaron en múltiples medios de comunicación, incluyendo El Espectador, exigiendo que el país no los olvide. Hace poco discutimos en este espacio cómo intentaron matar a Francia Márquez y varios líderes del Cauca cuando estaban reunidos.

La situación no ha hecho más que crecer. Desde la administración de Juan Manuel Santos hemos tenido que usar este espacio en múltiples ocasiones para repetir el mismo mensaje: los están matando y el Estado no muestra tener el monopolio de la fuerza en todo el territorio. Es momento de repetir la pregunta: ¿qué podemos hacer para detener la masacre, para que los médicos no tengan miedo de ejercer en zonas rurales, para que el país no esté atemorizado?

Mientras el Gobierno y los alcaldes de grandes ciudades muestran avances en la reducción de homicidios, es inevitable ver el contraste con lo que ocurre en los territorios que antes eran ocupados por las Farc y ahora tienen una mezcla de actores del narcotráfico y las guerrillas.

El punto no es dar la idea de que todo va mal en el país con respecto a la seguridad, pues eso no es cierto; pero sí es evidente que seguimos fallándoles a los colombianos más vulnerables. ¿Cuántas muertes más tendremos que ver?

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