¿En cuerpo ajeno?

En medio de una acalorada controversia, La Guajira eligió a su nuevo gobernador en unas elecciones atípicas que estaban pendientes.

El nombre del elegido es José María Ballesteros Valdivieso, un heredero político de la Gran Alianza que llevó en el pasado al mismo puesto a Juan Francisco Gómez Cerchar, conocido en Colombia con el apodo de Kiko, destituido e inhabilitado por 12 años por cuenta de la Procuraduría General de la Nación y detenido a prevención en la cárcel La Picota por haber cometido, presuntamente, una seguidilla de delitos.

Increíble, por decir lo menos, que la sombra de Kiko Gómez se extienda sobre La Guajira de esta forma. Ya lo habíamos dicho en este espacio hace unos meses: a él le temen. Y muy por encima de que sea o no culpable de los delitos de los que lo sindica la Fiscalía, es evidente que Kiko Gómez manda en esa región y hace parte de esas estructuras políticas malévolas que tanto daño le han hecho a este país. No es gratis que su heredero político haya ganado en medio de toda la polarización que allá se vive.
Y esto pasó, en gran parte, por ese fenómeno de la abstención que carcome a esta Nación y que, con toda la lógica, se replica, a cuenta de picos muy altos, en las regiones: alcanzó el 68%. ¿Desentendidos? ¿Asustados? ¿Indignados? Un poco de todo, pero el resultado es Ballesteros elegido. Imperturbable.

La Misión de Observación Electoral (MOE) dio a conocer bastantes irregularidades que se presentaron en esa jornada electoral: ciudadanos tomándole foto a su voto (una evidente conducta que refleja con seguridad la compraventa de los sufragios); el 26% de las mesas, una vez iniciada la faena, sin los seis jurados de votación que la ley exige; personas con distintivos de la campaña; denuncias por el trasteo de votantes desde Valledupar y Venezuela, quejas por el mal funcionamiento del sistema biométrico...
Y están las denuncias, por supuesto: a juicio de Ariel Ávila, de la Fundación Paz y Reconciliación, la supuesta “tranquilidad” en la que se surtieron las elecciones atípicas es solo un manto de perturbadora inquietud. Detrás de dicha calma, dice el investigador, hubo compra de votos, entrega de dádivas, de recursos públicos, inacción por parte del Consejo Nacional Electoral y la Registraduría. Y ante todo este cajón de humo del que somos testigos pide, acaso, lo que muchos pensamos que debe hacerse: una investigación sobre la transparencia de dichas elecciones. Es lo mínimo.

Ballesteros, por su parte, dice sentirse orgulloso de la tradición política de su familia y espera hacer en 18 meses de gobierno avances en la región: pide la ayuda del Gobierno Nacional y del dinero retirado de las regalías. Invitó a los distintos sectores a trabajar unidos por el maltrecho departamento. Prometió controlar la desnutrición, solucionar el problema del agua, incentivar el turismo, la investigación, la formación cultural. Palabras, palabras... Ya veremos, pues, cómo es que queda este departamento, que está sumido en un abandono y una corrupción desaforados.

Por lo pronto, sí, que trabaje. Pero no deja de ser una piedra en el zapato todo este lío que su elección representa: ¿no habrá aprendido La Guajira? ¿Qué pasa que las autoridades no investigan cómo es que se desarrollan estas elecciones que más parecen las apuestas de unos caciques que la voluntad popular? Habrá que ver.

 

 

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