Cuidado con el ICBF

Sería una lástima que se le permita a la politiquería regresar campante a aprovecharse de los recursos de los menores. / Foto: Cristian Garavito - El Espectador

No es coincidencia que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) haya estado en el centro de varias de las polémicas más tensas de los últimos años. La llegada a la dirección de Cristina Plazas, comprometida en el discurso y en la práctica con purgar esa institución de la corrupción, desencadenó que llegaran a la luz pública múltiples casos indignantes de desvío de recursos en las regiones y trampas a la población más vulnerable del país: los niños. Ahora que se marcha, es importante que no se pierda el impulso; sería una lástima que se le permita a la politiquería regresar campante a aprovecharse de los recursos de los menores.

Plazas fue una directora que reclamó reflectores con el objetivo de sacudir lo que era un secreto a voces: que con la plata de la alimentación y el cuidado de millones de niños colombianos muchas organizaciones hacen su agosto desviándolos y empleándolos mal. Aunque ella misma fue objeto de polémica, ahora que termina su labor debe reconocerse que fue coherente y ambiciosa en su proyecto de reforma y de limpieza. Que se hable tanto y tan abiertamente de los escándalos del ICBF, con la directora como protagonista y líder en varios de esos debates, es un necesario primer paso para empezar a recuperarlo.

No sobra recordar que los problemas del ICBF no son cualquier cosa. Los niños que murieron de hambre en La Guajira, la cantidad de alimentos que se cobraban y se perdían, la abrumadora cantidad de menores sin apoyo ni cuidados adecuados son todos resultados directos de un Estado que destina recursos para la infancia, pero que no ha podido garantizar que en efecto lleguen a quienes más lo necesitan. Lo dijo Plazas en una entrevista con Blu Radio: “No puedo decir que acabé con toda la corrupción en el ICBF porque llevaban saqueando esta entidad muchos años, pero sí hicimos cambios estructurales que nos permitieron mejorar. Todavía hay empresas criminales que se crearon con el fin de robarles recursos a los niños; por eso debemos seguir diciendo no a las cuotas políticas”.

No en vano, bajo la dirección de Plazas, se logró judicializar a 60 operadores que, amparados por redes de corrupción, robaban de manera constante los recursos del instituto. En la misma entrevista, Plazas dijo que “el Ñoño Elías tuvo por 14 años el ICBF. Lo saqueó”. Todavía la Fiscalía está en mora de contarle al país con exactitud la magnitud del desangre al instituto y, sobre todo, sus responsables, incluyendo a los políticos de alto nivel que lo permitieron.

Es entendible que el ICBF sea tan apetecido: maneja un presupuesto de $2 billones anuales, los cuales van, sobre todo, a organizaciones en las regiones. Por eso, por años ha sido uno de los botines más preciados de los corruptos. El rechazo a las cuotas políticas propuesto por Plazas, entonces, es esencial y debería ser un compromiso de todos los futuros presidentes.

Como reemplazo de Plazas llegará Juan Carlos López, del Partido Liberal, quien es más conocido por su oscuro paso como presidente del equipo de fútbol Millonarios en la etapa que culminó con la peor crisis económica de su historia. López, quien aterrizará en medio de un reajuste de personal del presidente Juan Manuel Santos para garantizar la gobernabilidad en su último año en el Palacio de Nariño, no tiene mayor experiencia sobre la infancia, lo que ha despertado críticas. No se trata de prejuzgar, pero esperamos que en pleno año electoral, cuando los tiburones están buscando las cuotas burocráticas, el ICBF no detenga la purga de la corrupción y se entregue de nuevo a las garras del clientelismo. El futuro de los niños de Colombia, y por ende del país entero, depende de que eso no suceda.

 

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