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Cumbre a la vista

Dentro de dos meses el presidente Juan Manuel Santos recibirá en Cartagena a 33 jefes de Estado y de Gobierno para la VI Cumbre de las Américas, el evento hemisférico más importante de la región.

El Espectador

07 de febrero de 2012 - 06:00 p. m.
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Los preparativos temáticos parecen avanzar bien, mientras surgen piedras en el zapato como el de la amenaza de inasistencia de los países del Alba si no se invita a Cuba.

La propuesta del presidente Rafael Correa, secundada por Hugo Chávez, no es nueva. Los espacios del Alba y la recién creada Celac han abierto las puertas para la participación de Cuba junto a la mayoría de sus pares en la región, lo cual es bienvenido. Sin embargo, el tema es distinto con respecto a la Cumbre de las Américas, pues desde un inicio se partió de la base de un común denominador para pertenecer al club regional: contar con las credenciales democráticas correspondientes. Es decir que Cuba, cuyo gobierno quedó excluido del Sistema Interamericano, no estaba invitada a la fiesta. En la última Cumbre, en Trinidad y Tobago en 2009, el mandatario venezolano mencionó que no volvería si su par cubano no era invitado y ahora, con el apoyo de Ecuador, los países del Alba sacan del bolsillo la carta de la ausencia en bloque.

La respuesta dada por la canciller Holguín, al decir que Cuba puede reingresar al seno de la comunidad interamericana si lo desea y que cualquier consideración adicional sobre su eventual participación en la Cumbre debe tomarse por consenso, es acertada. La invitación no es algo que le corresponda solamente al gobierno de Colombia, así sea el país anfitrión, sino que debe ser discutida y analizada, si el caso lo amerita, con los demás países asistentes. De hecho, si así se considerara, la semana entrante tendrá lugar en Cartagena un importante encuentro de Coordinadores Nacionales de la Cumbre, que se reúnen dentro del marco del Grupo de Implementación de Cumbres de la OEA (GRIC) y allí los 34 países podrían eventualmente revisar el tema.

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De otro lado, en la Cumbre de Quebec de 2001 los mandatarios asistentes acordaron que “el mantenimiento y fortalecimiento del Estado de Derecho y el respeto estricto al sistema democrático son, al mismo tiempo, un propósito y un compromiso compartido”, y una “condición esencial” de su presencia “en ésta y en futuras cumbres”. La posibilidad de que La Habana quedara representada quedó sujeta entonces a que los hermanos Castro se abrieran a un tipo de sociedad plural y democrática.

Y la oportunidad se dio. En 2009, durante la Asamblea General de la OEA en San Pedro Sula, pocas semanas antes del golpe que depuso a Manuel Zelaya, se derogó una jurásica resolución de comienzo de los años sesenta que suspendía al gobierno del país caribeño del organismo hemisférico, allanando así el camino para su reingreso. Sin embargo, para hacerlo Cuba debería aceptar los estándares de la Carta Democrática Interamericana y el gobierno dijo entonces con vehemencia que ni habían solicitado volver ni estaban interesados en hacerlo. El balón quedó así del lado de la Isla.

Sin embargo, como no se necesita ser parte de la OEA para ir a las cumbres de las Américas, los 34 países del hemisferio pueden reunirse y acordar mediante consenso que se le permita participar de la misma. Pero dado que el requisito de la democracia parece innegociable para la mayoría de los estados participantes, no se ve posibilidad alguna, a corto o mediano plazo, de que así suceda.

La canciller Holguín inició hoy un viaje a La Habana, previsto con antelación, que le permitirá tantear qué interés real tiene Raúl Castro de aceptar los parámetros de la Carta Democrática en momentos en que lleva a cabo un proceso interno de apertura y cambios ante los evidentes fracasos políticos y económicos del régimen. En caso de que no sea así, el argumento de los países del Alba para no asistir a Cartagena se cae por su propio peso.

Por El Espectador

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