De nada sirven los discursos irresponsables que buscan apelar al populismo regionalista en un tema tan complejo como la diferencia limítrofe entre el Chocó y Antioquia por Belén de Bajirá. La expedición del mapa oficial del territorio por parte del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) era necesaria y lo que debe hacerse es que el Congreso deje de lavarse las manos con el asunto y sea el espacio de un debate serio y argumentado.
Belén de Bajirá tiene cerca de 16.000 habitantes y cubre una extensión de 2.000 kilómetros cuadrados. Según expertos, el corregimiento es rico en oro, níquel, cobre, petróleo y palma de aceite. Desde hace 16 años, los departamentos del Chocó y Antioquia están en una disputa por definir a cuál de los dos pertenece el territorio. La semana pasada, el IGAC, finalizando un trámite administrativo establecido por la Ley 1447 de 2011, expidió un mapa en el que ubica a Belén de Bajirá dentro de Chocó. En respuesta, la Gobernación de Antioquia acusó al Gobierno Nacional de “despedazar” Antioquia y está convocado una recolección de firmas para definir el problema con una consulta popular. Es una lástima el uso de una retórica tan dañina para el diálogo, porque la verdad es que hay buenos argumentos de lado y lado para reivindicarse el territorio.
Chocó tiene la ley de su lado. Además de varios argumentos históricos que ubican a Belén de Bajirá como parte de ese departamento, existe y tiene vigencia la Ley 13 de 1947, que creó oficialmente al Chocó y definió límites que incluyen ese territorio. Según le explicó a El Colombiano el director del IGAC, Juan Antonio Nieto Escalante, “incluso antes de la creación del departamento del Chocó (1947), cuando existía la intendencia del Chocó, los límites eran los mismos”, pues el Senado de 1944 dejó explícito que Belén de Bajirá no hace parte de Antioquia ni de Caldas.
Sin embargo, Antioquia también tiene una muy buena razón para exigir soberanía: políticamente y a nivel de impuestos, es este departamento el que ha invertido más en Belén de Bajirá. De hecho, muchos de los pobladores del corregimiento dicen que temen perder los recursos en educación y salud que han invertido las gobernaciones antioqueñas.
¿Qué hacer con un enfrentamiento tan complejo? Primero, dejar de irrespetar las instituciones. Nada gana el gobernador de Antioquia, Luis Pérez, estigmatizando al IGAC y yéndose lanza en ristre contra el Gobierno Nacional. Claro, gana puntos en su tierra, algo que todo populismo logra, pero ayuda a encender llamas y tensiones innecesarias. Especialmente porque, como lo explicó Nieto Escalante, “el IGAC no define límites. No segregamos territorios, ni corremos cercas, nos ajustamos a lo que dicen la técnica y la ley”. Es decir, cumplió su trabajo. Y el ministro del Interior, Guillermo Rivera, invitó a Antioquia a seguir las vías legales para atender este asunto. Así debería hacerse.
La pelota, entonces, cae sobre la única institución facultada para definir límites: el Congreso. Debió haberlo hecho hace tres años pero, como en tantos temas, se lavó las manos. Eso es inaceptable, más viendo la coyuntura tan complicada que ha generado. Ante una ley vigente que otorga Belén de Bajirá al Chocó, y teniendo en cuenta las inversiones de Antioquia, los parlamentarios deberían priorizar este tema, debatirlo con cuidado y mucha atención, y tomar, finalmente, una decisión. Aunque, en pleno año electoral, y con tantos ánimos al rojo vivo, cuesta creer que esté a la altura del reto. Seguirá la inestabilidad en una región que ya de por sí tiene serios problemas de pobreza y desigualdad.
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