De nuevo La Guajira

Es una lástima que una de las épocas de mayor bonanza económica en Colombia tenga que ser recordada por escándalos de corrupción y malas inversiones. / Nelson Sierra - El Espectador

Acaba otro año y, pese a las intervenciones y las expresiones de buena voluntad de líderes nacionales y de la región, queda en el aire la misma pregunta dolorosa: ¿qué pasa con La Guajira? ¿Está el departamento condenado a verse involucrado en escándalos por la pérdida de recursos? Un encontrón reciente entre la Contraloría y la Gobernación de ese departamento demuestra el desorden que ha caracterizado a la cultura de la administración pública en esa región.

Según la Contraloría General de la República, cuando pidió la información contable referente al manejo del Sistema General de Regalías (SGR), la respuesta del departamento fue que se borró toda la información contable. Sí, toda la información referente a la utilización de los recursos desapareció. ¿Cómo ocurre algo así?

Por esa situación, el ente de control dijo que no se sabe a ciencia cierta qué ocurrió con $746.000 millones. Como explicó la Contraloría, “entre 2012 y 2016 el departamento de La Guajira obtuvo recursos de regalías por un total de $1,5 billones, de los cuales se aprobaron proyectos por cerca de $1,3 billones. A diciembre de 2016 el departamento tenía recursos sin aprobar por $286.000 millones (el 18 % del total estaba sin aprobar)”.

Aunque la respuesta oficial fue que el 28 de julio de este año se produjo un fallo en la base de datos del sistema de información financiera y se borraron todos los datos, que se están reconstruyendo, el ente de control dice que eso no explica la ausencia de libros impresos o estados financieros.

No obstante, hablando con El Heraldo, el secretario de Hacienda departamental, Marcos Pontón, dijo que “el hecho de que no hayamos brindado la información no quiere decir que estos recursos se hayan perdido, ahí están, porque de haberse dado esta pérdida de recursos tan grande, los organismos de control ya hubieran encarcelado a muchos funcionarios”. Por su parte, el saliente gobernador encargado, Weildler Guerra Curvelo, le dijo a ese periódico que “hace poco el Departamento Nacional de Planeación, que también hace visitas periódicas, mantuvo los giros de regalías porque el departamento subsanó alertas que venían de hace varios años”.

En cualquier caso, la situación es extraña y frustrante. También es un testamento de todos los problemas que La Guajira ha sufrido por culpa de burocracias corruptas y mandatarios cuestionados. Además, es un recordatorio de que uno de los mayores retos para los próximos gobernantes en todas las entidades del país es garantizar la transparencia en el uso de los recursos. Es una lástima que una de las épocas de mayor bonanza económica en Colombia tenga que ser recordada por escándalos de corrupción y malas inversiones.

Es importante que todos los involucrados en este nuevo escándalo puedan explicarle pronto al país qué ocurrió. La Contraloría anunció que pediría investigaciones disciplinarias, lo cual es necesario en el caso de que se pruebe la mala fe y/o negligencia, pero tal vez lo más importante es hacer un diagnóstico del estado actual del departamento. ¿Han funcionado las medidas de intervención? ¿Cómo está La Guajira para enfrentar las elecciones de 2018? ¿Qué ha funcionado y qué no? ¿Cómo pueden los organismos nacionales tener un mejor rol de apoyo a las autoridades locales?

De la respuesta a esos interrogantes depende el futuro del departamento. No vaya a ser que en unos años estemos, de nuevo, lamentándonos por los recursos y el tiempo desperdiciados. Los que sufren, en últimas, son los ciudadanos.

 

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