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16 Apr 2022 - 5:00 a. m.

Debemos cerrar la puerta a los crímenes de odio

Aunque tarde, ya es hora de actuar en Colombia contra el extremismo que utiliza la discriminación como herramienta de reclutamiento y justifica sus crímenes de odio en supuestas supremacías. Si suena delirante es porque los discursos de ultraderecha nacionalistas, con raíces en el nazismo, parecen reliquias de épocas superadas, pero se han reinscrito y modernizado en grupos mayoritariamente de hombres jóvenes. Lo vimos hace unos días en la terrible agresión contra una pareja gay en Bogotá, uno de cuyos victimarios ha sido identificado como perteneciente a un movimiento neonazi. Las autoridades no parecen estar capacitadas para combatir el extremismo y el debate público colombiano no lo está rechazando con la vehemencia que sería de esperar.

En su cuenta de Twitter, Mayra Corredor contó que presenció cómo dos hombres agredieron a una pareja gay. “Por maricas”, decían. Cuando ella y su grupo de amigas intercedieron, también fueron víctimas de violencia. A Corredor le pegaron en la cara y un video demuestra la sevicia de los agresores, que lanzaban piedras y pegaban patadas. Investigaciones posteriores retomadas por el medio Manifiesta mostraron los nexos de los agresores con el Comando Radical Nacionalista y la Tercera Fuerza, grupos neonazis que habrían vandalizado unas escaleras pintadas con la bandera arcoíris en favor de los derechos LGBT, también en Bogotá.

Son varias las dimensiones que merecen atención al analizar lo ocurrido. Esta agresión sucede al tiempo que en Medellín, como denunciamos en un editorial hace una semana, asesinan a seis hombres gais con patrones que muestran sistematicidad. Por eso es necesario repetirnos: es clave que la Fiscalía adopte un protocolo diferenciado para los crímenes de odio y que el Estado colombiano, en cabeza del presidente Iván Duque, implemente educación en sexualidad y género. También necesitamos capacitación para todos los operadores del sistema judicial para que sepan cómo enfrentar con enfoque diferencial los delitos que involucran discriminación.

Otra pregunta abierta es cómo el debate público les da cabida a las ideas radicales. El neonazismo moderno considera que estamos en medio de una guerra cultural. La periodista Julia Ebner, en La vida secreta de los extremistas, retrata con claridad la esencia ideológica de estos discursos perversos y sustentados en desinformación: “Según su diagnóstico, la sustitución gradual de las personas blancas —el denominado genocidio blanco— es el resultado de tres fenómenos: la inmigración, el aborto y la homosexualidad. Según los supremacistas blancos, el genocidio blanco es una combinación de las leyes proaborto y pro-LGBT, que han disminuido las tasas de natalidad de europeos nativos, así como de políticas favorables a la acogida de migrantes que han permitido que las minorías tomen parte en la reproducción masiva estratégica”. Habla de Europa, pero son las mismas ideas que estamos viendo en Colombia.

Entonces, es necesario también combatir el extremismo en sus ideas y en todos los espacios del debate público y político. Si no se construyen consensos amplios y contundentes a favor de los derechos de las personas LGBT, por las grietas se cuela la violencia. Los resultados los estamos viendo con claridad.

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