10 Oct 2020 - 3:00 a. m.

Derechos laborales en el mundo digital

El Espectador

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Uber y Lyft (una empresa similar) están haciendo todo lo posible para que sus conductores no sean reconocidos como lo que son: empleados. Después de que California aprobara una ley donde obliga a esas compañías a reconocerles derechos laborales a quienes conducen para sus aplicaciones, han venido amenazando con que se irán de ese estado. Su último intento desesperado es una proposición (una especie de referendo) que será votada por los californianos el mismo día que elijan al próximo presidente. Con más de US$60 millones invertidos en campañas publicitarias, el mensaje que están intentando posicionar es que es imposible su modelo de negocio si tienen que contratar a los conductores. Sin embargo, si el modelo de negocio no funciona garantizando la dignidad de los conductores, ¿puede decirse que es un buen plan financiero que debería resistir al mercado?

Uber y las empresas similares (aquí también entra, por ejemplo, Rappi) insisten en que son solo un puente tecnológico, una plataforma que conecta a usuarios con proveedores independientes. Eso, en la práctica, implica que pueden saltarse las regulaciones laborales sin garantizarles a esos “proveedores” los derechos mínimos que cualquier otro empleado tendría. Pero hay que ser sinceros: Uber es una empresa de transporte. Su lugar en el mercado hace que los conductores estén en desigualdad de condiciones y es evidente la subordinación. No puede pretenderse desestabilizar la movilidad de los países sin garantizar que la “nueva realidad tecnológica” no signifique una mala noticia para quienes son empleados por las aplicaciones.

Reconociendo esa realidad, el estado de California expidió una ley. En ella estableció un examen para determinar si un trabajador es verdaderamente independiente. Para serlo, cuenta la BBC, este “tiene que estar libre del control y la dirección de la entidad que contrata” y debe trabajar “por fuera de la razón esencial del negocio de la empresa que contrata”. Mirando esas condiciones, un juez de Estados Unidos llegó a una conclusión que nos parece lógica: “Los conductores son centrales, no tangenciales, al negocio” de empresas como Uber y Lyft. Es claro. Uber necesita a sus conductores. Lyft también. Lo mismo ocurre con DiDi, con Rappi y con tantas otras compañías disruptoras.

Por eso, la solución es que Uber y similares reconozcan que tienen empleados. Claro, eso significa más costos para la empresa, pero también dignidad para sus conductores. Las protecciones laborales existen no por capricho, sino por un acuerdo de la sociedad para garantizar que la gente no sea explotada ni manipulada.

Ahora, Uber y similares dicen que es el acabose, que no pueden funcionar así, que se van a retirar de toda California. Bajo ese argumento les están rogando a los votantes que los protejan. Pero la pregunta es necesaria: ¿no podemos, acaso, encontrar la forma de que esas empresas continúen, seguramente aumentando un poco los precios, y al mismo tiempo garanticen el bienestar de los conductores? La precariedad afecta a todos los involucrados. La lucha por los derechos laborales en el ámbito digital es urgente.

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