Desregular los parqueaderos

Fomentar que los bogotanos usen otras alternativas de transporte ejerce presión para que se inviertan recursos necesarios para mejorar el sistema. / Foto: Archivo

La propuesta del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, que busca desregular las tarifas de precios de los parqueaderos en la ciudad es una medida necesaria para incentivar la libre competencia, la construcción de nuevos espacios de estacionamiento en la ciudad y desincentivar el uso del carro. Aunque la capital sigue en mora de tener una oferta de transporte público que sea una alternativa atractiva en comparación con los vehículos particulares, los nuevos ingresos por impuestos a parqueaderos podrían invertirse para ayudar a solucionar ese déficit.

En Bogotá hay 3.000 parqueaderos, de los cuales 2.400 están registrados y los 600 restantes son informales. Con la regulación actual de las tarifas, una hora de estacionamiento podría costar entre $3.200 y $6.300. La pregunta necesaria es: ¿qué gana la ciudad con tarifas reguladas en un tope?

Para el alcalde Peñalosa, la respuesta es clara: no mucho. En conversación con Blu Radio, el mandatario explicó que su propuesta de quitar la regulación responde a “la economía de mercado. Actualmente, a los dueños de los estacionamientos se les ponen unos controles de unos precios que son inconvenientes y terminan por cerrarlos. Ellos no tienen ninguna obligación de destinar un lote para parqueaderos (…). Si hay libertad de mercado va a haber más estacionamientos, porque la gente –por ejemplo– va a hacer edificios de estacionamientos. Se va a volver un negocio hacer estacionamientos”.

Más interesante, se desincentiva el uso del vehículo particular, una medida necesaria para empezar a solucionar los problemas de movilidad de la capital. Junto con otras medidas, como el cobro por parquímetros, se pueden obtener recursos que deberán invertirse en fortalecer el sistema de transporte público.

De las distintas críticas que se han formulado a la propuesta, la más sólida es la que argumenta que el sistema de transporte público no se encuentra en un estado que lo convierta en una alternativa para las personas que usan vehículos particulares. Estamos de acuerdo. Son muchos los obstáculos de un sistema que necesita soluciones urgentes si de verdad quiere ser una opción atractiva para los bogotanos.

Sin embargo, el futuro de Bogotá, a corto y largo plazo, tiene que alejarse del automóvil. No sólo para garantizar la movilidad en un espacio cada vez más reducido, sino para alcanzar la sostenibilidad ambiental, que es crucial y que se ve seriamente amenazada por la cantidad de carros que hay en la ciudad. Empezar, desde ya, a fomentar que los bogotanos usen otras alternativas de transporte, además de generar una cultura alrededor de esto, ejerce presión para que se inviertan los recursos necesarios para la mejoría del sistema.

En últimas, no hay un bien social que se proteja con la regulación. En cambio, la libre empresa y competencia sí son principios que deben fomentarse. Quienes argumentan que este es un país propicio a los carteles, si bien no están injustificados, deben recordar que para ese tipo de prácticas que atentan contra la competencia hay entidades de control que vienen operando de manera cada vez más eficiente. La solución no es mantener la regulación.

Aunque a la propuesta, junto con la modificación del Plan de Ordenamiento Territorial para permitir la construcción de edificios de parqueaderos, le vienen debates difíciles en el Concejo, debería probarse. La capital necesita este tipo de medidas para empezar a destrabar su movilidad y ponerse en la línea de ciudades sostenibles que toma fuerza en el mundo entero.

 

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