La difícil situación del Cauca

El día sábado en nuestra sección 'La Opinión en Twitter' publicamos un trino de @RicardoGutizap que decía de una forma categórica: "Ni la Seguridad Democrática ni la Prosperidad Democrática han sido capaces de brindarles paz a los caucanos...", asunto que, aunque duela decirlo, es completamente cierto.

Qué pocos momentos de paz han tenido los caucanos desde que las inefables Farc decidieron atrincherarse en esta región, mimetizarse entre la población, y usar de escudo a los lugareños, formando de esta manera una estrategia de guerra de guerrillas exitosa. El Cauca sirvió para que los delincuentes siguieran, punto por punto, el manual de cómo ser una guerrilla.

Los caucanos viven entre las balas, literalmente. Son el departamento que mejor representa la realidad del conflicto armado, son el epítome que está muy lejos de ese ‘País de las Maravillas’ que algunos oportunistas mediáticos han tratado de fabricar. Allá hay de todo: los muertos, los secuestrados, el éxodo humano.

Existen varias teorías acerca de por qué este territorio se presta para que la violencia fluya como pan de cada día. Hay factores obvios, como la complicada geografía. Los ataques allí, claro, desconciertan a cualquier ejército. Hay sectores que piensan que la guerrilla quiere dar muestras claras de superioridad frente al ejército que la combate. Vale. O que quieran generar una cortina de humo (y de bala, claro) para desviar la atención de las autoridades mientras atacan otras regiones del país (con menos impacto, claro). Vale también. Y, por supuesto, está el narcotráfico.

Al margen de todo esto, sin embargo, se encuentran los gobiernos. Ya el presidente Santos ha enviado muchos partes de tranquilidad. Pero la violencia continúa. Apenas el domingo, hace dos días, se supo de 72 horas continuas de hostigamiento que dejaron cuatro niños heridos. Las Fuerzas Militares al final dijeron que la situación estaba controlada. La guerrilla también, hace poco, lanzó una bomba artesanal contra el hospital de Toribío, hiriendo a 11 personas. La historia de ataques se repite cada cierto tiempo.

Temístocles Ortega, gobernador del Cauca, dijo hace poco que falta una mayor inversión social en los municipios de esta zona. Con lo que quiere decir que el Estado allí no existe. Así se rasguen las vestiduras quienes creen que la presencia de nuestro aparato estatal aumentó en los últimos diez años, los lugareños no lo sienten así, y con toda razón. Ortega va más allá, porque no sólo pide seguridad sino que también pide inversión pública en las zonas apartadas del departamento que él dirige. Más presencia, no en términos de balas y uniformados, sino de escuelas y hospitales, que probablemente sean más importantes.

Ya han ido, claro, el comandante de las Fuerzas Militares, general Alejandro Navas, y el comandante del Ejército, general Sergio Mantilla, a hablar con los comandantes de la zona para discutir sobre el deterioro (si es que esto es posible) del orden público. Hace falta más. Razón no le falta a Santos para decir que no ha tenido el suficiente nivel de apersonamiento de los casos que suceden allí.

Ya se hizo tarde para vigilar al Cauca. Por más que se den avances en términos de seguridad, es imposible que los gobiernos se mantengan pasivos frente a este incómodo elefante que se yergue entre Nariño y Huila. ¿Hasta cuándo seguiremos recibiendo noticias malas del Cauca?

 

 

 

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