Donald Trump, presidente de Estados Unidos, está desesperado. Las encuestas invitan a pensar que las elecciones de medio término, que se celebrarán en menos de un mes, representarán una derrota contundente al Partido Republicano que está en riesgo de perder control del Congreso. Peor aún para el mandatario, su popularidad se encuentra en bajos históricos, lo que duele particularmente para un político obsesionado con su legado y con que su nombre esté en todas partes. Es en ese contexto que el presidente estadounidense acaba de cometer una dolorosa traición a Ucrania, la nación soberana que va para cuatro años y medio de sufrir la invasión ilegal de Rusia. Vladimir Putin, el líder ruso, acaba de ser premiado con un acuerdo que promete ayudar sus finanzas golpeadas.
Es curioso que esta conversación esté ocurriendo justo cuando Trump se queja, por segundo año consecutivo, de no haber recibido el Premio Nobel de Paz. “Los Estados Unidos, representados por mí como su presidente, debieron recibir el Premio Nobel de Paz, pero no fue así. Y esta es una mancha indeleble en Noruega y en las personas que han tomado una decisión tan vergonzosa”, escribió en su cuenta de Truth Social. Después habló de conflictos que supuestamente ha logrado terminar y agregó que “estoy a punto de conciliar o ganar en dos más: Irán y Russia-Ucrania… lo de Irán se va a solucionar muy rápido de una u otra manera: o nos dan todo, o simplemente ya no van a existir”. Una sátira que escribiera esas palabras sería juzgada por exagerada. ¿Este es el líder que la ultraderecha colombiana celebra cada oportunidad que tiene?
Volviendo a Ucrania, en estos dos días hubo dos noticias conectadas que configuran la traición contra ese país. Primero, el presidente Trump anunció un acuerdo para comprar dos millones y medio de barriles de diésel de Rusia. Como explica David Frum, comentarista político conservador en The Athlantic, “para la Rusia de Vladimir Putin, el acuerdo es un salvavidas. Para la Ucrania destruida por la guerra, es la traición más descorazonadora de Trump hasta la fecha. Para los aliados de Trump, este acuerdo les promete oportunidades de corrupción en una escala multimillonaria”. Ucrania lleva unos meses destruyendo refinerías en Rusia, lo que le ha dado triunfos militares, mientras que el régimen de Putin sigue asesinando civiles en territorio ucraniano. La semana pasada, un ataque ruso en Zaporiyia dejó a 20 civiles muertos, entre los que había tres menores de edad.
No contento con arrojarle una línea de crédito a Putin, Trump quiso culpar a los ucranianos por la inflación en Estados Unidos. Trump dijo que le pidió al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que no atacara las refinerías, “porque eso causa un problema mundial (pero) él quiere crearle problemas al mundo, quiere crearles problemas a nuestros agricultores, a nuestros ganaderos, con el combustible diésel (…) Creo que es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente”. Al cierre de esta edición, Trump también anunció un cese al fuego, pero ni Rusia ni Ucrania dijeron saber de qué estaba hablando.
Hay tantos indicios y evidencias sobre el desinterés de Trump por defender la democracia que no hay mucho que podamos agregar. La inflación en Estados Unidos está presionada por la guerra en Irán que él empezó y que no ha sido capaz de terminar, a pesar de sus bravuconadas. Abandonar a los ucranianos, que han hecho una valiente resistencia al autoritarismo ruso, es un golpe más al orden democrático internacional. Quien está creando un problema mundial es, precisamente, el presidente de Estados Unidos.
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