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El nefasto cierre de un presidente que decepcionó

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06 de agosto de 2026 - 05:00 a. m.
El objetivo es tener un caballito de batalla para desconocer el resultado de la democracia y pasar los próximos cuatro años sembrando resentimientos.
El objetivo es tener un caballito de batalla para desconocer el resultado de la democracia y pasar los próximos cuatro años sembrando resentimientos.
Foto: Presidencia
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Al publicar el discurso de despedida que pronunció en Soacha, Cundinamarca, esta semana, el presidente saliente, Gustavo Petro, escribió un mensaje: “Esta no es la última manifestación, es la primera”. Cierra así el gobierno del cambio, entregado al delirio de un fraude electoral que las supuestas evidencias presentadas ante la opinión pública no respaldan. Al tildar al presidente electo, Abelardo de la Espriella, de “ilegítimo”, el mandatario muestra que lo suyo es hacer campaña, que aspira a continuar buscando los reflectores, que la izquierda colombiana no puede evolucionar más allá de él y que su paso por la Casa de Nariño terminó opacado por su ego, su incapacidad de reflexión y su falta de voluntad para construir alianzas más allá de sus fieles.

Estas semanas hemos visto un retrato fiel de las peores características del presidente Petro como líder político. Acorralado por escándalos de corrupción que todavía estamos empezando a entender, buscó cambiar de tema y arrebatarle por completo el liderazgo natural que le correspondía al senador Iván Cepeda en la oposición. No existe izquierda sin Petro, pareció decir, que es otra manera de atar un proyecto político entero a un individuo. Una y otra vez habló de fraude, al punto de hacer una transmisión nacional francamente ridícula con un supuesto experto presentando patrones anormales de votación. Todas las “pruebas” han sido respondidas por observadores independientes, tanto nacionales como internacionales. Pero eso no importa. El objetivo es tener un caballito de batalla para desconocer el resultado de la democracia y pasar los próximos cuatro años sembrando resentimientos. Hacen muy mal los líderes políticos del Pacto Histórico al guardar silencio ante la actitud irracional del presidente. Hacen aún peor aquellos que deciden seguirle la cuerda, como el excongresista Gustavo Bolívar, que en otras coyunturas ha sido una voz razonable dentro de la nueva izquierda.

No, no hemos visto evidencias “científicas” de fraude. Solo especulaciones, desinformación y verdades a medias. Lo que sí estamos presenciando es el reencauche de un presidente que renunció a gobernar hace más de un año para intervenir descaradamente en política. Confirmó los temores de sus críticos sobre cómo iba a buscar formas de hundir la institucionalidad. “El que ganó se llama Iván Cepeda”, viene insistiendo, y con ello entierra su propia credibilidad, condena a la izquierda a vivir en medio de un espejismo y profundiza aún más la grieta nacional.

Es paradójico, pues la llegada al poder del presidente Petro vino acompañada de un genuino cambio en la atención nacional. Los indicadores de pobreza, por ejemplo, demuestran que sí hubo un esfuerzo por solucionar brechas históricas. Se hizo a las patadas, con deudas que el país tendrá que pagar más pronto que tarde y que ponen en cuestión la sostenibilidad de lo conseguido. Pero también sirvió para mostrar que hay una Colombia que se ha sentido excluida y para la cual los gobiernos anteriores no hicieron suficiente. Importante que esa idea de la urgencia de combatir la desigualdad perdure, a pesar del ruido que genera el estilo de gobernanza de Petro y sus múltiples escándalos.

Mañana el país cambia la página. Los reflectores se irán hacia el nuevo gobierno, que viene también arrastrando varias preocupaciones y múltiples señales de alerta. El presidente Petro, por su parte, buscará seguir teniendo una voz en el debate público. El Pacto Histórico quiere regresar al poder, lo que es perfectamente legítimo. Pero una primera pregunta para el partido será cómo reflexiona sobre el legado de estos cuatro años. El diagnóstico que hagan no puede pasar por alto el daño que ha hecho el delirio del fraude, la hostilidad del mandatario y su individualismo excluyente de otros liderazgos.

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Luis Munera(69883)Hace 30 minutos
Nefasto personajillo, corrupto de cojones, travesti de hurtadillas, dicen y dice que bueno en la cama, pero despreciable e incapaz de compaginar el cerebro con el sentido común y el respeto a las mujeres, las niñas y adolescentes y a su madre. No sabe ni calcula el daño tan grande que le ha hecho al progresimo y a las ideas alternativas de Colombia. Hasta nunca.
Le Lion De Angers(27991)Hace 46 minutos
Todo en la vida tiene un valor y no se puede negar muchas cosas positivas que tuvo la administracion Petro,pero de ahi a decir que fue nefasto hay una diferencia ,sin entrar en discucion ,creo que nefasto es el periodismo que hacen ustedes por la falta de objetividad y seriedad.
  • Javier Uribe Angarita(dhcmf)Hace 5 minutos
    El Espectador : pasquín de la ultra-derecha colombiana...
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