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El primer efecto de la alianza Petro-Trump

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05 de febrero de 2026 - 05:00 a. m.
Contar con Estados Unidos, un aliado poderoso, es un recordatorio más a los criminales sobre la importancia de abandonar las armas.
Contar con Estados Unidos, un aliado poderoso, es un recordatorio más a los criminales sobre la importancia de abandonar las armas.
Foto: Agencias EFE – AFP
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Los primeros efectos de la nueva colaboración entre el presidente Donald Trump y el presidente Gustavo Petro vienen para los grupos criminales al margen de la ley. El ELN fue bombardeado en el Catatumbo, mientras que el Clan del Golfo anunció que suspendería los diálogos de paz que mantiene con el Gobierno mientras se aclaran algunas cosas que se supieron de la reunión en la Casa Blanca. El mensaje desde la Casa de Nariño ha sido contundente: la Fuerza Pública continuará con su persecución del crimen mientras no haya gestos claros de paz. La pelota está en la cancha de los criminales.

Al cierre de esta edición, el bombardeo en el Catatumbo dejó por lo menos a siete integrantes del ELN muertos, sumado a la incautación de armas y municiones. El presidente Petro invitó a la guerrilla a que acepte “una misión de verificación científica e internacional (...) para la entrega total de infraestructura que sirva al narcotráfico multinacional y recobrar el sendero de la paz”. El objetivo del Gobierno es “desnarcotizar la frontera colombo-venezolana para que el pueblo construya allí su progreso en libertad. Democratizar la frontera para que las ciudadanías libres las cuiden”. Esto va de la mano con el cambio de narrativa en torno al ELN por parte del mandatario en los últimos meses. Ahora los presenta como los principales culpables de la persecución de campesinos en la zona fronteriza. Dentro de lo que se habló en Estados Unidos, se pidió el apoyo de Venezuela para llevar a cabo operativos en ese país contra los líderes del ELN, ya que han usado ese país durante muchos años como refugio. El mensaje nos parece apropiado. Ante un grupo que ha saboteado una y otra vez los intentos de paz y adoptado una actitud arrogante, el garrote de la Fuerza Pública es la respuesta hasta que no se vea una voluntad real de abandonar las armas y sus lazos con el narcotráfico.

Con el Clan del Golfo la situación es un poco más compleja. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, contó que en la reunión con el presidente Trump se habló de neutralizar “objetivos de alto valor”, nombres que incluyen a miembros del ELN, de las disidencias de las FARC y del Clan del Golfo, concretamente a su líder, Jobanis de Jesús Ávila, alias Chiquito Malo. En respuesta, la organización criminal, que está en una mesa de negociación en Catar con el Gobierno Petro desde el año pasado, emitió un comunicado diciendo que suspende los diálogos. “Si la información de los medios es cierta, esto sería un atentado contra la buena fe y los compromisos de Doha”, escribieron. Dijeron que hablarán con el Gobierno exigiendo garantías.

Por supuesto, si los diálogos de paz están en firme, una de las responsabilidades del Estado colombiano es respetar las garantías de no agresión. En eso no hay discusión y seguramente ambas comisiones negociadoras pueden hablar sobre lo que en realidad ocurrió en la Casa Blanca.

Sin embargo, este es un momento para reiterar que el Clan del Golfo necesita mostrar claras señales de voluntad de paz y de acelerar la consecución de un acuerdo. No puede ocurrir, como en tantos procesos durante este gobierno, que los diálogos se alarguen mientras los criminales se fortalecen. Además, en vísperas de un cambio en la Casa de Nariño, al próximo presidente o presidenta se le deben poder entregar, idealmente, acuerdos adelantados y con un cronograma claro para ejecutarlos. De lo contrario, cualquier intento de paz quedará, una vez más, en nada.

La cooperación con Estados Unidos está diseñada para fortalecer las capacidades del Estado colombiano y su institucionalidad. Contar con un aliado poderoso es un recordatorio más a los criminales sobre la importancia de abandonar las armas.

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