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En Colombia tampoco queremos reyes

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22 de junio de 2025 - 05:00 a. m.
Plantear una constituyente porque a un mandatario le estorba que las normas se hagan cumplir y que los presidentes no sean todopoderosos es un ultraje a la institucionalidad.
Plantear una constituyente porque a un mandatario le estorba que las normas se hagan cumplir y que los presidentes no sean todopoderosos es un ultraje a la institucionalidad.
Foto: Óscar Pérez
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Aunque el presidente de la República, Gustavo Petro, y sus ministros del Interior y de Justicia, Armando Benedetti y Eduardo Montealegre, buscaron restarle importancia a la decisión del Consejo de Estado sobre su “decretazo”, esta fue una buena muestra, oportuna por lo demás, de la importancia de los pesos y contrapesos en nuestro sistema institucional. La intervención del alto tribunal deja entrever que vieron lo que muchos hemos denunciado: que la creatividad jurídica del Gobierno no ha sido más que una “jugadita” para saltarse las normas e imponer a las malas su voluntad.

Desde la Casa de Nariño se quiso eludir el debate, dada la aprobación casi en paralelo en el Congreso de la reforma laboral, que había dado origen a la propuesta de una consulta popular. El presidente Petro escribió en su cuenta de X que “ya la discusión no es jurídica. El Congreso tiene su última palabra”. Finalmente, se derogó el ilegítimo decreto, pero ahora con el anuncio de otra nueva imposición desde el poder presidencial: la inclusión en las próximas elecciones de una papeleta para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

La discusión jurídica que planteó el Consejo de Estado, entonces, sigue vigente y es muy pertinente por sus impactos en la institucionalidad colombiana. Necesitamos saber si, como lo sospechamos, la Casa de Nariño se extralimitó en sus funciones convocando sin autorización la consulta popular. El presidente y sus asesores llevan varias semanas buscando argumentar que pueden saltarse el Congreso, que pueden decidir cuándo un acto no se hizo de manera correcta y que además pueden seleccionar el juez natural de sus actuaciones. Con el anuncio de la papeleta constituyente sucede lo mismo. Y la respuesta del Consejo de Estado fue contundente: son las normas y la jurisprudencia, que aplican a todos los colombianos sin importar su nivel de poder dentro del Estado, las que determinan lo que se puede y lo que no se puede hacer. En democracia no hay reyes ni queremos presidentes que actúen como tales.

Tal vez el Gobierno no quiere que se les preste atención a las consideraciones del auto del Consejo de Estado. La medida cautelar, sin embargo, ocurrió porque el tribunal encontró que “se requiere del concepto favorable del Senado de la República” para convocar la consulta popular, algo que el Gobierno se saltó. Y dice que la excepción de inconstitucionalidad invocada por la Casa de Nariño está mal aplicada y que “corresponde al Consejo de Estado definir la legalidad o constitucionalidad de la decisión del Senado de la República”. En pocas palabras, todo lo que ha argumentado el Gobierno se estrelló con el estudio jurídico del tribunal. Tal como lo predijeron múltiples juristas reconocidos por su rigurosidad e independencia.

Más allá del calor de la discusión, es de celebrar que el sistema de pesos y contrapesos esté operando. Nuestra democracia está diseñada para que nadie tenga un poder absoluto, para que los servidores públicos no puedan imponer sus caprichos e interpretaciones. Ahora, enfrentados a la pretensión de imponer un proceso constituyente, de nuevo el presidente Petro decidió saltarse las normas absolutamente claras que contempla la Constitución para convocarlo. ¿Qué es lo que le estorba? ¿Cuál es el sistema con el que se pretende reemplazar al actual? Más importante aún, ¿cuál es el pecado que quiere solucionar?

Con todo y que se insista en que las eventuales modificaciones constitucionales no aplicarían al Gobierno actual, plantear una constituyente porque a un mandatario le estorba que las normas se hagan cumplir y que los presidentes no sean todopoderosos es un ultraje a la institucionalidad. Y ni qué decir de que lo ordene por fuera del cauce legal.

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Noticioso(6975)23 de junio de 2025 - 03:09 p. m.
Petro tiene de demócrata e intelectual, lo mismo que tiene de estadista y de "economista". Un charlatán y borrachín con delirios de revolucionario y dictador. Un megalómano patético que posa de gobernante planetario, pero es incapaz de gobernarse incluso a sí mismo. Por eso es esclavo de las drogas, el trago, las redes sociales y cómo no... las aventuras extramaritales "transformistas".
G GC(u3ggj)23 de junio de 2025 - 04:00 a. m.
Los que estorban son los corruptos que siempre nos han manejado a su antojo. Votaremos por el que diga Petro, ojalá por el mismo.
Carlos (63194)23 de junio de 2025 - 03:19 a. m.
El pichón de dictador Petro quiere quedarse en el poder. Qué mejor lugar para ocultar sus adicciones y recibir un gran salario, sin tener que trabajar demasiado?
Pedro Juan Aristizábal Hoyos(86870)23 de junio de 2025 - 02:58 a. m.
Increible ver tanto bobo uribista diciendo que Petro se quiere quedar. Falso ha dicho mil veces que no no no. Petro no se va a dar el gusto que le digan dictador. Y que es castrochavista. Bobos sin argumentos
Aquiles Brinco(jhlcb)23 de junio de 2025 - 12:42 a. m.
“En Colombia tampoco queremos reyes”, pero en cambio el “pueblo” de Petro y el m19, exige la convocatoria de una constituyente, y q’ esta sea a imagen y semejanza del caudillo; y q’ además ordena q’ al soberano se lo designe presidente eterno (así sea “en contra de su voluntad”); y q’ también se designe vicepresidente vitalicio a Bebedetii; e interprete único de la constitución política del m19, al “Dr” Montealegre; y como papa eterno, de la secta petrista del m19, al pa$tor $aade.
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