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La falta que hará Germán Vargas Lleras

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12 de mayo de 2026 - 05:00 a. m.
En medio de una elección con poco debate de ideas y exceso de estigmatizaciones, la ausencia de una voz profunda como la de Vargas Lleras se siente con especial frustración.
En medio de una elección con poco debate de ideas y exceso de estigmatizaciones, la ausencia de una voz profunda como la de Vargas Lleras se siente con especial frustración.
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda
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La muerte de Germán Vargas Lleras empobrece el debate público colombiano. Criado políticamente primero por su abuelo, el presidente Carlos Lleras Restrepo, y después por Luis Carlos Galán, el político que llegó a ser vicepresidente de Juan Manuel Santos siempre dio ejemplo de posturas firmes con argumentos bien estudiados. Que desde el presidente Gustavo Petro hasta el expresidente Álvaro Uribe hayan escrito sentidos mensajes por su partida habla del respeto que despertaba incluso entre sus opositores políticos. En medio de una elección presidencial que se ha caracterizado por la ausencia de debates y por el intercambio de estigmatizaciones, la ausencia de una voz profunda como la de Vargas Lleras se siente con especial frustración.

Durante su larga trayectoria política, Vargas Lleras se caracterizó por ser un trabajador incansable. Todos quienes trabajaron con él repiten lo mismo: la microgerencia era su estilo de administrar y no tenía paciencia para quienes no llevaran su mismo ritmo. Eso, sumado a su impulsividad, significó malos tratos que fueron denunciados en varias ocasiones. El infame video en el que le pega un golpe en la cabeza a un escolta no solo arruinó su aspiración de llegar a la Presidencia, sino que le mostró al país el carácter que se intuía en lo poco que se conocía de su vida privada. El otro lado de esa balanza es que, gracias a su dedicación y disciplina, fue un ejecutor que logró concretar una de las políticas más ambiciosas del gobierno Santos: construir 101.335 casas, con un presupuesto de COP 4,4 billones, sin que hubiera escándalos de corrupción de por medio.

Su poderío político fue indiscutible, aunque sus métodos fueron cuestionados. En 2006 fue el senador más votado en el Congreso de la República, capital político que luego convertiría a Cambio Radical en una de las fuerzas con más peso en el Capitolio. Utilizó su influencia para torpedear el intento del presidente Uribe por aprobar una segunda reelección, que Vargas Lleras tildó, con razón, de antidemocrática. También, como ministro del Interior del gobierno Santos, armó la poderosa “unidad nacional”, una aplanadora que logró la aprobación de leyes fundamentales para el país, como la de Víctimas, aunque en ese período también se popularizó el uso de la “mermelada” para aceitar las reformas fomentadas desde la Casa de Nariño. Cambio Radical, su partido, también se caracterizó por avalar a personajes que terminaron en la cárcel o que eran parte de clanes políticos y maquinarias con serios cuestionamientos. En los círculos cercanos a Vargas Lleras llamaban esto “pragmatismo”, un entendimiento de cómo funciona la política en el país y una idea de que puede ser la manera de lograr reformas necesarias. Sus críticos, con justicia, denunciaron esa complicidad con el clientelismo.

En todo caso, lo que más caracterizó a Vargas Lleras fue su preparación. Lo demostró en los múltiples debates que llevó a cabo, así como en la firmeza de sus posiciones. Sus denuncias de las FARC lo hicieron víctima de un par de atentados. En los espacios políticos, y luego en su tribuna de opinión, era una voz que no podía ser ignorada por el conocimiento que tenía del Estado. Demandaba altura y la otorgaba en sus posturas de oposición. En su ausencia, no es claro quién puede llenar ese rol. La democracia colombiana ha perdido a uno de sus defensores.

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Gurula(64121)Hace 21 minutos
A quien le hará falta!!
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