El pasado 20 de enero, la licitación para construir la segunda línea del metro de Bogotá tuvo que ser declarada desierta. Ninguno de los cuatro oferentes precalificados para la construcción cumplió con el paso para presentar una propuesta, ya sea porque fueron eliminados o porque pidieron un aplazamiento que no se concedió. Esto atrasa nuevamente un proyecto esencial para la capital del país, por más optimismo que intente venderse desde el Distrito. En medio de las elecciones y ante la incertidumbre de cómo queden configurados el Congreso y la Presidencia de la República, el Concejo de la ciudad ya está anunciando vigilancia renovada a la nueva licitación que se abrirá. ¿Se nos va a complicar la continuación del metro de la capital?
La segunda línea del metro de Bogotá es esencial. La megaobra subterránea contaba con un presupuesto de COP 34,9 billones para construir 15,5 kilómetros que pasan por Suba y Engativá. Dado que esas localidades son de las que más presión le ejercen al sistema de transporte público de la ciudad, la línea del metro es clave para descongestionar un poco la capital del país. Sin embargo, parece que el proyecto del metro de Bogotá está condenado a vivir entre aplazamientos y frustraciones.
La licitación que se cayó fue abierta por la administración de Claudia López en 2023. Aunque el objetivo era adjudicarla en 2024, casi inmediatamente empezaron los aplazamientos, las adendas y los problemas. En octubre de 2024, dos de los cuatro consorcios fueron excluidos por conflicto de interés entre sus dueños. Como explicó el actual alcalde, Carlos Fernando Galán, “ese conflicto de interés que fue señalado y aceptado por la banca multilateral llevó a que el proceso pasara de tener cuatro posibles proponentes a dos. Todo se hace según las reglas del BID, no según las reglas de la Ley 80, por lo cual, en las decisiones que se toman, se ha tenido en cuenta la posición de la banca multilateral y se requiere la no objeción de esta”. Un año después, en 2025, uno de los consorcios restantes dijo que no contaba con la posibilidad de enfrentar los riesgos cambiarios, y se retiró. Ese año hubo cuatro adendas en mayo, agosto, octubre y diciembre. El último consorcio restante pidió un nuevo aplazamiento, pero el Distrito le dio hasta el 20 de enero, lo que terminó en una no presentación de propuestas. Es decir, ninguna de las empresas se sintió capaz de construir la segunda línea del metro de Bogotá.
Por donde se le mire, esto es un fracaso. Tanto de las administraciones distritales involucradas como de los gobiernos nacionales. Es incomprensible que uno de los proyectos de infraestructura más importantes del país sea incapaz de atraer el interés de los consorcios internacionales y garantizar su debida adjudicación. La capital del país, que lleva décadas sufriendo los atrasos y la falta de inversión, no puede resistir más desplantes. ¿Qué dice la bancada bogotana en la Cámara de Representantes? ¿Dónde quedó la influencia de la Casa de Nariño? Mientras la administración pasada y la actual se estancaron en intercambios de reclamos con el presidente Gustavo Petro, la segunda línea, que no tenía mayor discusión, quedó estropeada.
La Alcaldía de Galán ha dicho que abrirá una nueva licitación en febrero y que espera adjudicar el contrato en 2027. Viendo el historial de lo ocurrido, suena a un optimismo desbordado, más teniendo en cuenta el panorama internacional y el hecho de que estamos en medio de una transición en el Gobierno Nacional. Si se reabren debates y se generan nuevos aplazamientos, la frustración de los bogotanos seguirá creciendo. No debería ser tan difícil que la capital de Colombia tenga infraestructura esencial para su desarrollo.
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