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Mensajes bienvenidos del presidente electo que se deben refrendar con hechos

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28 de junio de 2026 - 05:00 a. m.
Acierta el presidente electo en adoptar un tono más abierto a reflexiones, concesiones y construcción de consensos. No obstante, se requieren más hechos que discursos.
Acierta el presidente electo en adoptar un tono más abierto a reflexiones, concesiones y construcción de consensos. No obstante, se requieren más hechos que discursos.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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En su discurso de victoria, el presidente electo, Abelardo de la Espriella, dijo que su interés era unir al país y gobernar para todos, incluyendo a quienes no votaron por él. Ese tono lo mantuvo al recibir la acreditación formal como ganador de la segunda vuelta de hace una semana. Se trata de un contraste evidente a la manera en que hizo campaña, donde no tuvo reparos en lanzar estigmatizaciones contra cualquiera que apoyara al Gobierno o fuese crítico de su candidatura. Es un cambio bienvenido, pero que se recibe con cautela. No solo por la campaña misma del presidente electo, sino porque hace cuatro años recibimos una promesa similar del presidente saliente, Gustavo Petro. Consciente de la división que generaba, el mandatario actual también se propuso como puente entre las dos Colombias. Fue una promesa que abandonó a los pocos meses de ocupar la Casa de Nariño.

El tono presidencial es un componente esencial de cada mandato. Colombia es un país presidencialista, donde la voz del mandatario de turno tiene mucho peso en el ánimo nacional y en cómo se llevan a cabo los debates públicos. El presidente Petro llegó con un tono de opositor tuitero y, a menudo, gobernó como un opositor tuitero, solo que ahora con todo el poder del Ejecutivo detrás. Estigmatizó a los medios de comunicación, señaló a la oposición con adjetivos que llegaron incluso a vincularlos con el nazismo, acusó al Banco de la República de ser parte de una conspiración y tildó a los empresarios de ser vampiros neoliberales. Cada uno de sus mensajes fue magnificado por un ecosistema de influenciadores políticos cercanos al Pacto Histórico, a veces contratados por el Estado y otras de oficio, diseñado para posicionar la narrativa deseada por la Casa de Nariño. Cuando le pedimos mesura, el presidente Petro se consideró censurado. Confundió en repetidas ocasiones la libertad de expresión con la facultad de ofender y destruir retóricamente desde la cabeza del Estado a quienes veía como oponentes.

Los resultados de estos cuatro años saltan a la vista. Colombia está fracturada, mientras que las redes sociales son espacios hostiles para cualquier diálogo. El país allí es visto como campo de batalla ideológico, no como proyecto en común.

En ese contexto, acierta el presidente electo en su diagnóstico de tener que adoptar un tono más abierto a reflexiones, concesiones y construcción de consensos. La votación le dice que necesita ganarse la confianza de millones de colombianos que lo observan con desconfianza y, algunos, con terror. Para eso, no obstante, es necesario más que discursos. El mea culpa debe empezar con los errores y abusos cometidos durante la campaña.

El ahora presidente electo deshumanizó con el lenguaje a sus contrincantes políticos. El caricaturesco debate que promovió sobre las acepciones del verbo “destripar” no logró esconder que se trató de una manera inaceptable de referirse a otras personas en un debate político. No fue el único caso. Sus discursos y propuestas en torno a recuperar la seguridad formularon un imaginario de agresividad y de obtener resultados a como diera lugar. Si a eso se le suman las demandas y denuncias contra periodistas, el coqueteo con el gobierno estadounidense para castigar a opositores y tantos otros espacios de hostilidad, el cambio de tono actual es un choque abrupto. Bien encaminado, pero que debe ir acompañado de hechos tangibles.

Además, porque en estos días, mientras el presidente electo cambiaba su discurso, sus simpatizantes en redes sociales seguían usando la hostilidad para castigar a opositores y a periodistas. Ese tipo de actitud debe rechazarse desde el próximo gobierno. No vaya a ser que la zanahoria sea De la Espriella de labios para afuera, mientras sus simpatizantes y aliados ejercen el garrote en el debate público.

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Japz(39664)29 de junio de 2026 - 02:41 a. m.
Por supuesto que ojalá sea de consensos el próximo gobierno, pero hay muchas razones históricas para desconfiar del actuar de la ultraderecha: usar el discurso de la seguridad para atacar y desaparecer a opositores políticos, periodistas incómodos y a todo el que no comulgue con sus pensamientos y directrices. Ojalá venga un mandato que se enfoque en la paz.
Edgar Colmenares Vargas(68132)29 de junio de 2026 - 02:23 a. m.
ADLE sembró odio y derrumbó puentes con el que pensaba diferente. Fue tan profunda la herida que dejó en varios sectores, en especial en jóvenes, que cualquier situación tensa que enfrente posiciones y no sea manejado con prudencia, tendrá un potencial de convertirse en un estallido social.
Olegario (51538)29 de junio de 2026 - 01:27 a. m.
Los petristas, bastante ardidos por la derrota del pasado domingo, no creen en el mensaje de reconciliación de ADLE. Pueden tener razón, pero luego de escuchar el mensaje violento de una camarada de la JUCO, cuya visa para vacacionar en USA está en revisión, (hágame el hdpt favor!) el escepticismo también se extiende a los fans del candidato por la vida. Aquí no se salva NADIE! Pero la culpa es del editorialista, según los furipetristas.
Olga Cecilia Díaz(23538)29 de junio de 2026 - 12:46 a. m.
Increíble que se le atribuya a ADLE disposición al consenso y a la reflexión en el doble discurso que formuló al recibir las credenciales. La postura de aparente apertura es una pose que se notaba en el modo cómo plantea las críticas al "regimen" y en que no reconoce ningún logro del anterior gobierno. Sus acciones de hoy, respecto a las negociaciones con el clan del golfo, nos muestran que le entregará el país a la derecha gringa para que empiece a juzgar a los funcionarios del gobierno Petro
Juan Guillermo Jaramillo(7rdvy)29 de junio de 2026 - 12:30 a. m.
No se puede creer en falsas promesas, después de sus peroratas.
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