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México nos muestra hoy el alcance del poder narco

El Espectador

24 de febrero de 2026 - 12:00 a. m.
Allí donde dan de baja a un capo empieza una ola de violencia para definir quién será el siguiente, mientras que la ciudadanía sufre y el Estado queda atado de manos.
Foto: AFP - ULISES RUIZ
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México muestra hoy lo difícil que es combatir el narcotráfico sin una política internacional de regulación de las drogas. Andrés Manuel López Obrador gastó sus seis años de gobierno con una política bautizada “abrazos, no balazos”, con el objetivo de atacar las causas estructurales que permitieron la violencia. El resultado fueron triunfos importantes en la lucha contra la desigualdad, pero un fortalecimiento innegable de los distintos carteles del narcotráfico y la creación de paraestados dentro del territorio nacional. Ahora, Claudia Sheinbaum, presionada por la administración de Donald Trump, viene dando golpes duros contra los grandes capos, pero su gobierno reconoce que el problema estructural es muy difícil de solucionar. Todo eso salió a flote con la muerte este fin de semana de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “el Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y uno de los narcotraficantes más buscados del mundo.

Por lo menos 62 personas murieron en medio del operativo del ejército mexicano contra el capo, que respondió hasta con lanzacohetes para no dejarse capturar. En una inusual muestra de humanidad, el general mexicano Ricardo Trevilla Trejo rompió a llorar en rueda de prensa recordando a los soldados mexicanos que fueron abatidos. “Cumplieron su misión. ¿Y qué es lo que se demostró? La fortaleza del Estado mexicano”, dijo. En efecto, la muerte del “Mencho” es equivalente, por citar un ejemplo cercano, al operativo que dio de baja a Pablo Escobar en Colombia. Sin embargo, como también demostró ese hecho en nuestro país, la guerra contra las drogas está lejos de ser un triunfo. Allí donde dan de baja a un capo empieza una ola de violencia para definir quién será el siguiente, mientras que la ciudadanía sufre y el Estado queda atado de manos.

El problema que tiene Sheinbaum es que el narcotráfico está enquistado en todos los niveles de la sociedad, incluyendo miembros de su propio partido. Su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, sufrió un intento de asesinato por el CJNG cuando trabajaba en la Alcaldía de la Ciudad de México junto con la ahora presidenta. García Harfuch ha sido el rostro de una estrategia más agresiva contra los carteles, pero reconoce que ha tenido que ir con lentitud, porque es difícil saber en quién confiar. A finales del año pasado, el gobierno Sheinbaum celebró sus primeros 14 meses con haber detenido a casi 39.000 personas por delitos violentos, incautado 20.000 armas y destruido 1.760 laboratorios de drogas. No obstante, delitos como la extorsión y los secuestros van en aumento, y las pasadas elecciones se dieron en medio de asesinatos de políticos. García Harfuch señaló que el cartel del “Mencho” es el “principal responsable de generar violencia en el país y de cometer delitos como homicidio, tráfico de personas, extorsión, secuestro y ataques armados contra las autoridades”.

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Los distintos vehículos incendiados después del operativo contra “el Mencho” enviaron el mensaje a México y al mundo de que los carteles no están dispuestos a ceder su poder. Sin embargo, con esto Sheinbaum afloja la presión de la administración Trump, que solo desea noticias rimbombantes para decir que está haciendo algo en la lucha contra las drogas.

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El gran reto, por supuesto, persiste. Con tanto dinero ilegal, México tiene territorios donde el control lo ejercen los grupos al margen de la ley, que también financian el quehacer político para garantizar su permanencia. Colombia sabe muy bien que ese problema no se soluciona dando golpes a las cabezas. El aumento en la percepción de inseguridad muestra que el país del norte está lejos de poder vivir tranquilo y de encontrar una solución a mediano y largo plazo.

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