El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Pedimos perdón y no cruzaremos los brazos

El Espectador

29 de marzo de 2026 - 12:00 a. m.
Queremos comprender qué falló, qué podemos hacer mejor y cómo implementar correctivos para que nunca nadie tenga que vivir experiencias semejantes.
Foto: Andrés Torres
PUBLICIDAD

Desde la dirección de El Espectador queremos pedir perdón. En estos días, a partir de la valentía de Pilar Cuartas, quien fue editora de Género de nuestro periódico, hemos empezado a conocer relatos escalofriantes, dolorosos y abrumadores de mujeres que sufrieron acoso y actos de violencia mientras tabajaban en esta casa. La propia Cuartas ha insistido en que, cuando pidió la activación del protocolo para enfrentar las Violencias Basadas en Género, se chocó con una serie de fallas que terminaron en su frustrante renuncia. Nunca quisimos permitir que personas de nuestra redacción vivieran experiencias tan lamentables. Nada las justifica y por eso queremos comenzar pidiendo perdón.

Agradecemos a las personas que han compartido sus historias y estamos trabajando para tramitar los casos. También hemos hecho una invitación abierta a que se comuniquen con el periódico (está habilitado el correo amitambienelespectador@gmail.com) pues queremos comprender qué falló, qué podemos hacer mejor y cómo implementar correctivos de manera inmediata para que nunca nadie tenga que vivir experiencias semejantes. El compromiso es el mismo: tolerancia cero a este tipo de conductas y creación de una redacción que sea un espacio seguro para todas. Tanto en el liderazgo femenino de la redacción, como en la sección de “Las Igualadas”, que hoy publica un informe con total autonomía editorial y cuyo contenido ni siquiera conocemos al momento de escribir estas líneas, la disposición de El Espectador es a tomar todas las decisiones difíciles que sean necesarias.

Mientras ajustamos nuestros procesos, empero, nos preguntamos también ¿cómo llegamos aquí? Esa es la respuesta que hemos intentado encontrar, pero sospechamos que no hay una fácil. Varios de los relatos, por ejemplo, cuentan cómo no llegaron a instancias administrativas por temor a repercusiones. Fallamos en darles confianza. También fallamos en reconocer a tiempo que comportamientos “normalizados” nunca debieron serlo: nuestra sociedad está contaminada de machismo y desigualdad, de discursos que llevan a sufrimientos en silencio. Como institución, lo que debemos hacer es dar garantías suficientes para que cualquier persona sepa que su voz no será usada en su contra y su dolor no será menospreciado ni ignorado.

Incluso cuando los tiempos empezaron a cambiar y la labor de personas como Cuartas llevó a que nuestra redacción fuera mucho más amigable a las denuncias, fallamos. Lo hicimos cuando creamos un protocolo que luce muy sólido en el papel, pero se deshace en la práctica ante las complejidades de los casos a los que se enfrenta. Nos hacemos eco de las palabras del presidente de Caracol Televisión, Gonzalo Córdoba, canal que hace parte de nuestro mismo grupo de medios y que con valentía dio el primer paso: “hay circunstancias en que una organización no puede ampararse en su historia, en sus logros o en su prestigio. Debe responder a una pregunta más fundamental: ¿qué principios la sostienen y qué límites está dispuesta a reconocer?”. Nuestra historia no nos hace inmunes a cometer errores, pero sí es una buena guía para reconstruir la credibilidad.

Read more!

Sabemos que pedir perdón no es suficiente. También sabemos, con desasosiego, que las periodistas que sufrieron el acoso mientras pasaron por El Espectador no van a recuperar esos años de sus vidas. Nuestro compromiso es seguir comunicando los errores que identifiquemos, seguir fortaleciendo los mecanismos internos y seguir escuchando sin juicios ni persecuciones. Para las periodistas que están en El Espectador y para las que seguirán llegando, la promesa es que nuestra redacción está adoptando cada vez más mecanismos para protegerlas. Lo dijimos hace unos días: el cambio social es difícil y está lleno de fricciones, de dolores, de aprendizajes. Es un proceso largo pero necesario.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com

Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.