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Durante esta semana, discutimos en varias ocasiones las cifras de muertos, heridos y viviendas destruidas. Una pieza de información adicional que conocimos antes del cierre de esta edición tal vez sirve para sintetizar el dolor que se siente: Palmira ha recibido casi 200 cadáveres, pero su capacidad es apenas de 20. Esto significa que los funerales se han tenido que atrasar, mientras las familias en duelo se enfrentan a un sistema saturado.
Otro dato nos arroja pistas del reto tan complejo que viene hacia el futuro. Según información de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), más de 2.198 centros educativos presentaron alguna afectación tras el terremoto. Es probable que la cifra siga aumentando a medida que se puedan hacer censos en los territorios. Solo en el Chocó, hay 796 escuelas afectadas; en Caldas, más de 400 sedes educativas reportaron algún tipo de afectación. Si los niños y niñas de las poblaciones más vulnerables del país no tienen espacios para su educación, los efectos se sentirán durante mucho tiempo. No podemos permitir que el abismo de desigualdad que hay en Colombia siga profundizándose.
Reconociendo la dificultad del momento que enfrentamos, también es útil mirar lo que sí ha funcionado en estos días. Cientos de personas fueron rescatadas con vida debajo de los escombros gracias a la colaboración de autoridades y vecinos voluntarios. No solo pudimos salvar seres humanos, sino también decenas de animales de compañía, mostrando que nuestra empatía va más allá de nuestra propia especie. Esas operaciones estuvieron acompañadas de una muestra sin precedentes de solidaridad nacional. En todas las regiones de Colombia y en todos los países donde se encuentra la diáspora los colombianos se organizaron, buscaron maneras de aportar y tienden sus manos para levantarnos. El sector privado también ha participado activamente: desde poner a disposición maquinaria pesada y mecanismos de transporte, hasta la campaña de donaciones liderada por la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, que al cierre de esta edición había recaudado más de 201.000 millones de pesos. Dentro de esa campaña la familia Santo Domingo, que hace parte del Grupo Valorem, al que pertenece El Espectador, anunció la donación de 100.000 millones de pesos. Todos los colombianos estamos aportando lo que podemos.
Nos parece importante también reconocer el rol de las autoridades políticas. Más allá de problemas puntuales que ya habrá tiempo de examinar, tanto el Gobierno Nacional como los distintos gobiernos locales han respondido con rapidez, eficiencia y determinación incansables. El presidente Abelardo de la Espriella ha tomado la vocería y los miembros de su administración han hecho presencia constante en las regiones afectadas. La promesa de un “plan Marshall” para el Chocó, si se logra materializar, sería una oportunidad para ayudar a ese departamento con tantas deudas históricas. Nubia Córdoba, Alejandro Éder, Dilian Francisca Toro, Mauricio Salazar y Juan Diego Patiño han sido clave para articular la cooperación del país entero. Las instituciones colombianas saldrán fortalecidas de este terremoto gracias a la labor juiciosa que se ha hecho.
No somos ingenuos ni estamos sugiriendo que todo se ha hecho a la perfección. Hemos visto cómo la desigualdad agrava la manera en que ciertas regiones pueden responder a crisis como esta. El manejo de los recursos en los próximos semestres, en medio de contrataciones “express” para atender la urgencia, necesita ser vigilado para garantizar su transparencia. Nuestra labor periodística se concentrará en llevar a cabo esa supervisión al poder, pero también en visibilizar a quienes demuestran que nuestro país está lleno de solidaridad. Para que nunca olvidemos que estamos juntos en el mismo barco.
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