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Se apaga el orden mundial, necesitamos tener reglas

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25 de enero de 2026 - 05:00 a. m.
El mundo no puede quedar al vaivén de los más poderosos. La pregunta es cuál será el mundo que construyamos a partir de las cenizas del anterior.
El mundo no puede quedar al vaivén de los más poderosos. La pregunta es cuál será el mundo que construyamos a partir de las cenizas del anterior.
Foto: EFE - LAURENT GILLIERON
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El orden mundial basado en reglas fue al Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) a terminar de ser sepultado. Ante la bravuconada errática del presidente estadounidense, Donald Trump, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, presentó una especie de réquiem para los sueños del mundo que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial. “El orden mundial basado en normas está apagándose”, dijo el canadiense. Esto ha permitido un momento histórico en el que “los poderosos pueden hacer lo que quieren y los débiles deben sufrir”. Tiene razón, por supuesto. Si acaso, llega tarde el representante de uno de los países más ricos del planeta a la conclusión que se ha venido denunciando desde distintas partes, incluyendo Colombia. La pregunta abierta es cuál será el mundo que construyamos a partir de las cenizas del anterior.

El discurso de Carney, que indignó al presidente Trump porque le quitó los reflectores, es impresionante por el lugar de enunciación del que proviene. Canadá, una democracia ejemplar, también ha pasado décadas en una posición bastante cómoda. Gracias a su alianza con Estados Unidos, poco ha mirado al resto del mundo, en particular a los países más pobres. Su riqueza, en parte financiada por el extractivismo, lo alejó de las múltiples discusiones globales que se han presentado en torno a la necesidad de redistribución. Ha sido un liderazgo tímido, siempre apoyando causas esenciales, como la lucha contra el cambio climático, pero satisfecho con no ser un jugador determinante en las luchas geopolíticas. Ahora, sin embargo, su primer ministro ha dado el rechazo más contundente al populismo trumpista. También ha dicho en voz alta lo que se ha sospechado durante años. Denunció que “los grandes poderes” están utilizando la “integración económica como un arma”, que las grandes potencias desarmaron el orden internacional basado en reglas y que hay una nueva realidad que necesita adaptación.

¿Cuál es ese nuevo mundo? Cuando Estados Unidos intervino en Venezuela, uno de los asesores más poderosos de la Casa Blanca, Stephen Miller, dio una entrevista a CNN. Frustrado por las preguntas sobre el derecho internacional, formuló la respuesta trumpista a este cambio de paradigma: “Puedes hablar todo lo que quieras de las amabilidades internacionales y todo lo demás. Pero vivimos en un mundo, en el mundo real, que es gobernado por la fuerza, que se gobierna a la fuerza, que se gobierna con el poder. Esas son las leyes de hierro del mundo”. Unas semanas después, en entrevista con The New York Times, le preguntaron a Trump si había algún límite para su propio poder en el escenario internacional. “Sí, solo hay un límite: mi propia moralidad, mi propia mente. Eso es lo único que puede detenerme”, respondió. “No necesito el derecho internacional”, concluyó.

El mundo no puede depender de la “moralidad” de un solo hombre ni estar al vaivén de los más poderosos. La historia de la humanidad ha mostrado una y otra vez cómo esa “ley de hierro” termina en barbarie, abusos, desigualdad y mucho sufrimiento. La solución no es, tampoco, un orden mundial transaccional y cómplice con los autoritarismos, como los que proponen China y Rusia en reemplazo de Estados Unidos. Carney dijo que es tiempo de “dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fortaleza en casa y de actuar juntos”, apostándole a la cooperación. Necesitamos una nueva alternativa a lo que hay sobre la mesa. Tomemos lo que funcionó del viejo orden mundial basado en reglas y corrijamos las fallas que permitieron el ascenso de los Trump y similares. Estamos en un momento histórico de mucha complejidad, pero no se lo podemos entregar a quienes ven las reglas como obstáculos.

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Maryi Delgado(41490)Hace 3 horas
Esto aplica para Colombia donde el Uribismo quiso imponerse reeligiendose en el poder y hacer de la fuerza y la violencia su paradigma. Por suerte para nosotros la Corte nos salvó. Pero ahí sigue el vejete paisa con su séquito de malandros. No es gratuito que al Nazi Donald le simpatice tanto el matarife
William Alvarez(41808)Hace 4 horas
Se apaga el orden mundial, necesitamos tener reglas... y no solo contra Trump, sino contra ciertos candidatos y expresidentes lacayos. Si la CPI es pusilanime, los colombianos no: además de regulados por el art 457Código Penal (la traición de quienes gestionan asuntos internacionales se castiga con prisión de 5-15a), aprendimos en este gobierno mucho de civismo y sociopolítica, así como a despertar de la pesadilla de 200a inducida por el más tenebroso y excluyente régimen conservador del mundo.
CARLOS BARRGAN(lcggj)Hace 4 horas
El editorial expone con acierto una cruel realidad. La Comunidad Internacional debe unirse y hacerle frente a las pretensiones de los maniáticos que se creen los dueños del mundo.
humberto jaramillo(12832)Hace 4 horas
Son las normas y las leyes lo único que puede proteger a los más débiles de los abusos de los poderosos. pero ¿quién o qué puede controlar a los más fuertes cuando les da por utilizar su poder?Mientras haya vetos la ONU no puede hacer nada, no tiene dientes.
Atenas (06773)Hace 5 horas
De nuevo vuelvo sobre un mismo tópico: la cobardía del bellaco panfletista R.Bejarano, ducho en eso de tirar la piedra y esconder la mano, y otro más q’ disfruta la cartelera de EE pa desfogar sus odios y fobias de rábula ventajoso con esta vitrina y con textos q’ a mi juicio tienen más de letrina q’ de ponderados análisis. Atenas.
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