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Aunque el discurso de varias horas que pronunció hace unos días el presidente Gustavo Petro se llevó los reflectores por la diversidad de anuncios y opiniones que expresó, no debería pasar inadvertido que lo hizo en un lugar emblemático para Bogotá y para Colombia: el Hospital San Juan de Dios. Tanto el Gobierno Nacional como el Distrito estaban celebrando llegar a un inesperado acuerdo para revitalizar la infraestructura del complejo, invertir recursos en su recuperación y garantizar su funcionamiento a futuro. Con esto, el mandatario de los colombianos cumple uno de sus principales sueños políticos, mientras que la Alcaldía de Bogotá celebra contar con mayores capacidades de prestación de servicios de salud y de llevar a cabo investigaciones. Es un testimonio de la importancia de un trabajo en conjunto entre la nación y las entidades territoriales.
Decimos que el acuerdo fue inesperado porque la relación entre el gobierno Petro y el Distrito ha sido hostil. En el caso del San Juan de Dios, el mandatario criticó los planes de los exalcaldes Enrique Peñalosa y Claudia López. Con la llegada de Carlos Fernando Galán al Palacio Liévano poco se había mencionado el tema, pero la Casa de Nariño sí ha mostrado su descontento con varias de las ideas del Distrito. Por eso, el anuncio sobre el San Juan de Dios, que se convertirá en el “Gran Centro de Innovación y Pensamiento para el Envejecimiento y la Vejez”, fue un bienvenido cambio en la retórica política. Carlos Fernando Galán, mandatario distrital, lo reconoció en su discurso: “Para nadie es un secreto que el presidente y yo tenemos diferencias en muchos temas, profundas y se mantienen. Pero lo responsable es llegar a acuerdos que permitan a Bogotá avanzar”. En la misma línea, en una columna para la revista “Cambio”, la ministra de las Culturas —entidad que lidera el proyecto—, Yannai Kadamani Fonrodona, escribió: “Cuando están en juego la protección del patrimonio, la memoria de una nación y el derecho a la salud pública, el encuentro entre autoridades es una forma sensata de gobernar”. Estamos de acuerdo.
El presidente Petro puede sacar pecho por el logro. “Llevo 28 años defendiendo este hospital”, dijo del complejo que cerró en 2001. Es cierto: como alcalde de Bogotá destinó COP 157.000 millones para comprarlo y ahora, como presidente, anunció la inversión inicial de COP 1,6 billones para recuperarlo. Con esto ya se entregó un edificio recuperado para utilizarlo como centro de educación en salud, se empiezan obras en dos edificios más y empiezan estudios de diseño para todo el sistema. El énfasis en la vejez es porque se busca que se realicen investigaciones para responder a una población colombiana que tiende al envejecimiento. “Queda fundada de nuevo la salud pública en Colombia”, afirmó el presidente. Con su reforma hundida y la crisis del sistema, se trata de una figura retórica dudosa, pero que no le debe restar importancia al gesto de revivir el San Juan de Dios.
En entrevista con El Espectador, el secretario de Salud de Bogotá, Gerson Bermont, explicó que “el gran logro es que el Gobierno Nacional acepta la conformación de un comité operativo conjunto para definir qué se va a desarrollar en el complejo, con un enfoque claro en envejecimiento y vejez”, y mencionó que 11 edificios estarán listos este año. Esperamos que el cambio en la Casa de Nariño no descarrile este proyecto. El gobierno Petro aprendió tarde en su mandato que, cuando colabora con las entidades territoriales, puede sacar adelante obras e iniciativas que benefician a todos. Más allá de ideologías, la colaboración es la clave para cumplir las promesas. En este caso gana Bogotá, ganan las administraciones Galán y Petro, y, sobre todo, gana el sistema de salud del país.
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