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Un viraje radical en política exterior que nos aísla

El Espectador

23 de agosto de 2026 - 12:00 a. m.
El contraste representa un riesgo para la reputación colombiana y una visión cortoplacista en términos diplomáticos con problemas a futuro.
Foto: EFE - Cancillería de Colombia
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Hasta ahora, Colombia ha visto dos versiones distintas del Gobierno de Abelardo de la Espriella. En su respuesta a los daños ocasionados por el terremoto, el presidente ha buscado la unión del país entero, sin tomar preferencias ideológicas, y ha buscado fortalecer la institucionalidad a nivel nacional y en cada uno de los municipios afectados. Al mismo tiempo, e incluso desde antes, la Cancillería tomó una serie de decisiones que no solo representan un viraje radical a lo ocurrido en los últimos cuatro años, sino que convierten a nuestro país en uno de los pocos estados que se siente cómodo complaciendo los caprichos de Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, y de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. Ese contraste representa un riesgo para la reputación internacional colombiana, es un golpe inesperado al multilateralismo que tanto le ha servido a nuestro país y representa una visión cortoplacista en términos diplomáticos con muchos problemas a futuro.

Sabemos que el primer reclamo a esta línea argumentativa se refiere al manejo de la Cancillería durante la administración de Gustavo Petro. ¿Acaso en El Espectador no vimos con preocupación el manejo errático de las relaciones internacionales? Sí, lo vimos y lo denunciamos. El anterior gobierno cometió errores costosos, como enemistarse con el principal aliado comercial del país a través de publicaciones en X que eran impulsivas e irresponsables. Adicionalmente, si bien el presidente Petro acertó en denunciar los crímenes de lesa humanidad cometidos contra los palestinos, no supo diferenciar adecuadamente entre los actos criminales del gobierno de Netanyahu y el hecho de que el Estado de Israel es mucho más que sus líderes políticos temporales. Era viable protestar contra el genocidio al mismo tiempo que se reconocían los lazos entre los pueblos de Colombia e Israel, que vienen de vieja data. En esencia, el presidente Petro personalizó las relaciones internacionales, sembró un caos innecesario con aliados y creó problemas para Colombia.

Dicho lo anterior, las decisiones que ha tomado el nuevo canciller, Omar Bula, por supuesto autorizadas por el presidente De la Espriella, más que una corrección son un viraje preocupante hacia otro tipo de extremismo. Aquí no hay manejo técnico ni diplomático, sino un objetivo claro: tener contentos al presidente Trump y al primer ministro Netanyahu. Es decir, el mismo problema que con la administración pasada, pues se personaliza la relación con otros Estados. En el proceso, se están traicionando principios que nuestro país ha defendido durante mucho tiempo.

Por ejemplo, reconocer la “soberanía” de Israel sobre los Altos del Golán es difícil de comprender. El territorio sirio ha sido ocupado por ese estado desde la guerra de 1967. En 1981, Israel aprobó legislación para, básicamente, tomar control del territorio. El Consejo de Seguridad de la ONU declaró que esa decisión era nula y que no tenía efecto jurídico internacional. Es decir, el sistema jurídico internacional que Colombia ha ratificado en varias ocasiones, que hace parte de la Constitución, dice que Israel no tiene esa soberanía. Pero ahora nuestro país la reconoce. Sólo otro país en el mundo mantiene esa misma posición: Estados Unidos.

El canciller Bula también anunció que nos retiraremos de la Corte Penal Internacional, algo que hace poco hizo la Argentina dirigida por Javier Milei. Marco Rubio, secretario de Estado del Gobierno Trump, tiene una cruzada pública en contra del alto tribunal, cuya autoridad ha buscado anular para garantizar impunidad en los casos que este investiga. ¿Por qué Colombia se une a ese grupo de conspiradores en contra de una justicia internacional que ha costado tanto construir? No sobra recordar que el tribunal investiga los cuatro crímenes más graves para la humanidad: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y el crimen de agresión. En Colombia, la vigilancia y acompañamiento que ha hecho sirvió para fortalecer nuestros propios mecanismos de justicia.

El patrón es preocupante porque Colombia siempre ha respetado el derecho internacional, respaldado la no agresión entre naciones y buscado ser parte activa del multilateralismo. ¿Nos entregaremos, ahora, a la “doctrina Donroe”, que es un eufemismo para referirse al trumpismo? ¿Cómo es ese radicalismo útil para los intereses de todos los colombianos?

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