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El primer gran debate que van a dar el nuevo Congreso y el nuevo Gobierno Nacional es la elección del próximo contralor general. Desde el Ministerio del Interior han dado señas de que no elegirán una candidatura favorita y que respetan la autonomía de la rama legislativa, siempre y cuando se excluya de cualquier alianza al Pacto Histórico. Con 10 candidatos y candidatas sobre la mesa, ¿están los congresistas dispuestos a llevar a cabo una elección transparente y que nos garantice una Contraloría que no deba favores políticos? ¿Mantendrá el Gobierno su promesa de no intervención? Si se va a modificar la manera de hacer política, las elecciones a este tipo de cargos tienen que dar un ejemplo incuestionable.
La Contraloría es una entidad muy importante para el país. Su rol de vigilancia de los recursos públicos y de acompañamiento técnico a nivel nacional y local es útil si se utiliza de manera apropiada. Sin embargo, en el pasado hemos visto decisiones de contralores muy cuestionables, que parecían teledirigidas a lograr réditos políticos y afectar candidaturas particulares. Durante los años de administración del contralor Carlos Hernán Rodríguez, la relación con el gobierno de Gustavo Petro fue tensa, con la presentación de informes que fueron cuestionados desde la Casa de Nariño. Lo fundamental es que quien sea elegido o elegida entienda que su rol es de completa autonomía, sin deberle favores a los congresistas que los elijan.
Hablando con medios, el ministro del Interior, Rodrigo Lara, dijo que con el Congreso quieren “una relación sana, no como siempre lo ha sido, con acuerdos subrepticios, truculentos y de repartijas. Todo será por encima de la mesa, de manera visible para que los colombianos lo vean y lo fiscalicen”. En lo relativo a la elección de contralor, que se llevará a cabo este miércoles, dijo esto en Semana: “Al Gobierno no le interesa tener un contralor de bolsillo, es decir, ser jefe del contralor. El contralor tiene que controlar y auditar. Lo que sí quiere el Gobierno y se lo pide al Congreso es: uno, que sea un contralor anticorrupción, no procorrupción. Segundo, nosotros hemos visto los terribles escándalos de corrupción de este Gobierno, en particular ahora que están entregando el poder”. En una publicación de X, escribió que “el gobierno Petro necesita un contralor de bolsillo para tapar su inmisericorde corrupción”. El mensaje del nuevo gobierno es que no tiene favoritos, pero tampoco desea que ocurra lo visto en la elección del presidente del Senado, cuando el Centro Democrático y el Pacto Histórico hicieron una alianza para derrotar al candidato del presidente Abelardo de la Espriella.
Es, como vemos, una dinámica compleja. Si la pelota en efecto está en la cancha del Congreso, el historial de elecciones deja mucho que desear. A menudo han priorizado candidatos que les den seguridades a los políticos sobre perfiles que puedan garantizar que haya una vigilancia efectiva. ¿Por qué excluir de la conversación al Pacto Histórico, si el objetivo es que los entes de control le otorguen garantías a todos los involucrados y no solo a los partidos de gobierno? Hay una contradicción en los discursos que se manejan. Marcar una candidatura como gobiernista o de oposición es, en la práctica, una intervención. El único criterio debería ser la idoneidad de la persona elegida, ojalá a través de la construcción de un consenso que no dependa de que el candidato o candidata llegue a la Contraloría debiendo favores.
Entonces, muchas de las promesas de campaña se empiezan a ver a la luz del pragmatismo legislativo. Esta elección dirá mucho sobre cómo serán estos cuatro años.
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