2 Aug 2018 - 3:00 a. m.

Educación: una ambición pendiente

En cada oportunidad que tuvo el presidente saliente, Juan Manuel Santos, dijo que su obsesión era la educación. En entrevista el año pasado con El Tiempo, el mandatario dijo que su “primera prioridad ha sido mejorar la educación”. También la ligó con el principal legado de su gobierno al decir que “la educación es la mejor semilla para la paz”. “Colombia, la más educada” fue el lema adoptado para la promesa de tener al país mejor educado de América Latina en 2025. Sin embargo, hubo mucho de sueños, pero quedan pendientes que el presidente electo, Iván Duque, deberá afrontar.

El Espectador

Sin duda, hubo un compromiso presupuestal con la educación. En discurso reciente, Santos recordó que “en ocho años aumentamos 79 % el presupuesto de educación, al pasar de $20,8 a $37,4 billones. La educación es el primer rubro del presupuesto nacional: el que más dinero recibe”. En ese proceso se decretó la educación gratuita hasta grado 11, una medida que ayuda a combatir la desigualdad, y se lanzaron proyectos de acompañamiento a docentes, así como planes de becas para ayudarlos a cursar maestrías. Según datos del Gobierno, son 7.193 profesores los que se han beneficiado de este impulso.

Aun así, este gobierno será recordado por las protestas. El año pasado, por más de un mes, más de 300.000 profesores se tomaron las calles y paralizaron la educación básica y media de Colombia. Las pugnas con Fecode, que no estuvieron ausentes de intransigencia de parte y parte, promovieron una sensación de inestabilidad. Aunque hubo varios acuerdos, es claro el inconformismo de los maestros, en buena medida porque los compromisos no se cumplieron, lo que le augura momentos difíciles al gobierno entrante.

No ayudó a calmar las frustraciones el nombramiento de ministras que no estaban directamente familiarizadas con el tema de la educación, lo que causó demoras mientras se ajustaban.

En la educación superior, el claro gran acierto de la administración Santos fue Ser Pilo Paga (SPP), que se posicionó como una intervención inmediata y efectiva contra la desigualdad. Sigue siendo muy poderoso, desde el punto de vista simbólico, que el Estado garantice el acceso a las mejores universidades a aquellas personas que por condiciones socioeconómicas no hubieran podido acceder a ellas. La transformación social de un proyecto como este, más allá de los beneficiados individuales, es inconmesurable.

Sin embargo, fue también evidente que SPP es un programa individual que no puede reemplazar una política integral en educación. Las grandes olvidadas de este gobierno fueron las universidades públicas, que en múltiples ocasiones exigieron una destinación de recursos que permita aumentar la oferta educativa de calidad en todos los rincones del país. La educación pública sigue siendo la herramienta más útil para combatir la desigualdad y si continuamos asfixiándola, no podremos soñar con un país mejor educado.

Las ambiciones establecidas por la administración Santos deberían ser emuladas por los gobiernos que vienen, el de Iván Duque y los posteriores. Pero quedó claro que el país necesita planes más integrales si quiere cumplir con lo prometido.

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