El arquitecto de la revolución sexual

El doctor Fernando Tamayo lideró una revolución silenciosa que impulsó los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y permitió que hoy puedan ser dueñas de sus cuerpos. / Profamilia

La semana pasada murió el médico Fernando Tamayo Ogliastri, uno de los principales abanderados de los derechos de las mujeres colombianas a través de Profamilia, la entidad que fundó. Durante la segunda mitad del siglo XX Tamayo lideró una revolución silenciosa que cambiaría la planificación familiar en el país, controlando la natalidad, impulsando los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, y permitiendo que hoy puedan ser dueñas de sus cuerpos.

Ejerciendo como ginecólogo en los años 60, Tamayo se dio cuenta de que la gran mayoría de las mujeres no conocían sus derechos, no tenían las herramientas para decidir cuándo y cuántos hijos tener y no tenían acceso a los métodos anticonceptivos que llegaron con la revolución sexual. Decidido a cambiar esto, tuvo que enfrentarse a una sociedad conservadora y profundamente religiosa que veía los métodos de planificación familiar como un pecado. A pesar de la presión de la Iglesia católica y el rechazo que generaba controlar la natalidad y permitir que las mujeres accedieran libremente a métodos anticonceptivos, Tamayo logró fundar en 1965 la Asociación Pro Bienestar de la Familia Colombiana (Profamilia), una entidad privada sin ánimo de lucro.

Desde entonces, Profamilia ha sido pionera en temas de salud sexual y reproductiva en Colombia; trajo los primeros dispositivos intrauterinos al país en los 60, realizó las primeras vasectomías y ligaduras de trompas en los 70 y lideró las campañas de prevención del VIH/sida en los 80. En 2011, gracias al programa de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), en cumplimiento de la Sentencia C-355 de 2006 de la Corte Constitucional que despenalizó el aborto en tres circunstancias, Profamilia se convirtió en un espacio seguro donde las mujeres podían acudir a abortar de forma legal y segura sin ser juzgadas ni perseguidas.

El derecho de las mujeres a poder informarse y tomar decisiones libres sobre su cuerpo y su salud sexual y reproductiva también fomentó su integración al mundo laboral y fue un motor de desarrollo para el país. Como bien dijo Tamayo a El Tiempo en una entrevista: “Para mí el mejor método anticonceptivo fue el trabajo de las mujeres”. En efecto, cuando se fundó Profamilia la tasa de fecundidad era de siete hijos por familia. Hoy esa cifra se ha reducido a dos. El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, lo resumió así a El Tiempo: “(A Tamayo) le tocó luchar contra muchos prejuicios, pero valió la pena. Colombia tuvo una transición demográfica espectacular y entró a la modernidad”.

Tras la muerte de su fundador, Profamilia continúa el legado, llegando a regiones apartadas y barrios marginales de las grandes ciudades, atendiendo a víctimas de violencia sexual y trabajando en la prevención del embarazo adolescente. A pesar de estos avances, el hecho de que una entidad privada sin ánimo de lucro haya hecho más por los derechos sexuales y reproductivos de los colombianos, sobre todo de las mujeres, que cualquier política estatal explica en gran medida por qué al país todavía le falta mucho por recorrer en este tema.

Que el ejemplo del doctor Tamayo sirva de inspiración para ciudadanos y funcionarios sobre cómo, pese a la escasez de recursos y la abundancia de prejuicios, es posible el progreso.

 

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