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El Banco y las tasas de interés

NO ES MUY CLARO SI EL LLAMAdo que le hizo el presidente Juan Manuel Santos al Banco de la República fue ocasión para hacer algo de populismo, o acaso haya realmente algo más grande detrás. De cualquier forma, su intervención no tiene lugar.

El Espectador

04 de junio de 2011 - 08:00 p. m.
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El Emisor ha hecho valer históricamente su autonomía y no hay razones para suponer que esta vez vaya a ser la excepción. Tampoco valdrán los pataleos de los gremios. “El potencial crecimiento de las tasas de interés lo fija un técnico con modelos que parecen no consultar la realidad del país”, se quejó el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas. Pero no por su desdén la Junta del Emisor va a dejar los intereses en 3,75%, como quiere el industrial, en lugar de en 4% como lo determinaron los estudios. Los cuales, por lo demás, buscan mantener, según el mandato constitucional, la baja tasa de inflación. Si ésta se descontrola, los precios dejan de ser creíbles, desordenando las decisiones de ahorro, inversión y consumo y, en consecuencia, entorpeciendo el funcionamiento de toda la economía.

Por supuesto, no sólo la inflación es competencia del Emisor. La Corte Constitucional, en la sentencia C-481 de 1998 puntualiza: “Las estrategias y decisiones de la autoridad monetaria deben buscar ser consistentes con la política fiscal, salarial y del empleo, a cargo del Gobierno, en efectos de mantener el equilibrio y dinamismo de la economía”. Todos estos mandatos, sin embargo, se suspenden cuando el nivel general de precios amenaza con incrementarse por encima del crecimiento real de la economía. Algo que sucede, entre otras, cuando ésta comienza a recalentarse. Para impedirlo y, con ello, evitar las malas decisiones —como, por ejemplo, las que llevaron a la crisis de finca raíz al inicio de los 90 y la crisis hipotecaria al final de la misma década—, el Emisor eleva las tasas de interés. En la medida en que los préstamos se hacen más caros, la economía se frena y los precios vuelven a señalizar las verdaderas relaciones de mercado, no las aumentadas por las burbujas.

Si el incremento de las tasas es muy alto, puede suceder también que se hagan más atractivos los bonos nacionales y, en consecuencia, llegarían dólares al país revaluando la tasa de cambio. Es más, el país entero se puede hacer más atractivo por la seriedad de su política monetaria, lo que significaría aún más dólares. En este escenario, no en vano se quejarían los gremios: primero el Banco les hace más caro el dinero que necesitan para trabajar y, además, les hace menos competitivas sus exportaciones. Al Gobierno, por su parte, el Banco le frena el PIB y por tanto el desempeño de sus indicadores. En ambos casos, oscuros panoramas. Pero no peores que el que se enfrentaría si se recalienta la economía y terminamos todos en crisis. Este, sin embargo, es sólo un caso hipotético.

La tasa de interés del 4% que fijó esta semana el Banco no es un balde frío a los mercados. No ha habido ninguna contracción de la economía básicamente porque ésta no se ha recalentado. Tanta convulsión es injustificada. Sólo se impuso una política neutra, que ni impulsa los mercados, ni los frena. Un control necesario dentro de un ambiente que nos está siendo favorable para la inversión extranjera, más cuando se le suma la consolidación del Mercado Integrado Latinoamericano (Mila) y el grado de inversión que nos devolvió Moody’s, el cual, por lo demás, se suma al que ya nos devolvió la también aseguradora de riesgo Standard & Poor’s. Algo que si bien no es determinante, no deja de ser atrayente. Es impopular mantener los precios en sus justas proporciones. Y más aún ser precavido. Que el Banco de la República actúe ahora no significa que haya un problema ahora. Pero sí que va a haberlo en un año si no se toman las medidas. Algo que deben entender tanto gremios como Gobierno.

 

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