El comienzo del comienzo

Muchas voces decepcionadas se escucharon ayer en los primeros análisis del evento de inicio formal de la segunda fase, la de la verdadera negociación, del proceso de paz con las Farc, así como de los discursos y sendas ruedas de prensa de las partes en Oslo.

La enorme distancia entre los planteamientos del Gobierno —ceñido celosamente a lo ya acordado y firmado como marco para las negociaciones— y los de la insurgencia —bastante lejanos de esa agenda y pretendiendo incluir en las discusiones temas que desbordan los cinco puntos ya establecidos— resultó ser una especie de baldado de agua fría para el optimismo con que había sido recibido el anuncio de los acercamientos.

“A una pregunta sencilla —‘¿Le sorprendió el discurso de Iván Márquez?’—, una respuesta sencilla: No”, dijo en la rueda de prensa el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle. Y tiene toda la razón. Ingenuo, irracional más bien, era esperar que ayer, en Oslo, se fuera a presentar un escenario de animada distensión y consenso frente a un conflicto que nos ha enfrentado durante más de cincuenta años y ha dejado heridas profundas. El que ahora estén sentados Gobierno y Farc buscando el camino para terminarlo, que es lo importante del evento de ayer, no quiere decir que las diferencias hayan dejado de existir como por arte de magia. Ni mucho menos que ese camino esté libre de obstáculos gigantescos que habrá que ir viendo cómo erosionar con paciencia e inteligencia.

A pesar de la molestia que con seguridad debió generar entre los negociadores del Gobierno la retórica de las Farc, con la introducción de asuntos por fuera de la agenda acordada, paciencia e inteligencia fue lo que mostró De la Calle al encauzar dicha molestia hacia lo que ya fue firmado y acordado como punto de honor que garantiza que este proceso no tomará el camino del Caguán. Y con esas mismas paciencia e inteligencia hay que recibir ese espacio que esta negociación abre a las Farc para exponer su visión de país, pues si de lo que se trata es de que pasen de las armas a la política legal, es apenas natural que comiencen desde ya a buscar adeptos. ¿Fue un discurso directo para la mesa o más bien un abrebocas de su posible futuro político? Nos gustaría pensar que fue más lo segundo.

Todo lo cual, empero, no obvia que ayer ciertamente salieron a flote algunos de esos obstáculos, ojalá salvables, que harán de esta una negociación en extremo difícil. En evidencia quedó una de las mayores preocupaciones frente a cualquier intento de finalizar un conflicto, cual es la reparación a las víctimas, que en este país son muchas, demasiadas, y que a la luz de lo que ayer se vio no están en el primer lugar de las prioridades. Sin ellas, no hay terminación posible de ningún conflicto. Hay, como dijo el Gobierno, que darles la cara a las víctimas. Y hay, como dijeron las Farc, que llegar a un proceso de verdad hacia todas las víctimas de este conflicto, no solamente algunas. Lo preocupante es que no se reconozcan, porque eso sí podría acabar con cualquier anhelo de paz.

Con todo, que las expectativas hayan disminuido con este baño de realidad no deja incluso de ser positivo, porque reviste de credibilidad lo que también dijo el negociador De la Calle ayer ,en el sentido de que el Gobierno —y con él el Estado y la sociedad— no son rehenes de este proceso que apenas comienza. El camino es todavía muy, pero muy largo, y hay que estar abiertos a la posibilidad del fracaso. Es apenas el comienzo del comienzo y, como tal, no hay que apresurarse ni en el optimismo ni en el pesimismo.