El Congreso de la República le envió un mensaje claro al presidente electo, Abelardo de la Espriella, este 20 de julio. La elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado y de Nicolás Barguil como presidente de la Cámara es una muestra de que los nuevos legisladores no quieren sentirse condicionados por el próximo ocupante de la Casa de Nariño. Si esa votación lleva a que los debates entre Congreso y Presidencia se hagan de manera transparente, con autonomía y sin apelar a las “aplanadoras”, el país habrá ganado mucho. ¿Hay voluntad verdadera de marcar una relación más madura que la que hemos visto en gobiernos pasados?
Aunque el presidente De la Espriella dijo que no llamó a ningún congresista ni hizo presión por un candidato particular, la realidad es que su equipo de gobierno sí estuvo jugado en contra del Centro Democrático. Tradicionalmente, el partido de gobierno con más congresistas se lleva las presidencias del Senado y de la Cámara en la primera legislatura de su mandato. Sin embargo, Rodrigo Lara, ministro del Interior designado, hizo campaña por nombres distintos a los propuestos por el partido uribista. “El doctor Alfredo Deluque reúne todas las condiciones, es un hombre serio y probo que ha estado cerca de este proyecto”, dijo Lara en medios, refiriéndose a la elección en el Senado. En la Cámara, impulsó a Daniel Briceño, de quien dijo que “también respaldó este proyecto de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. Lo veríamos con muy buenos ojos si esa es la decisión de la Cámara y de su partido”. Aunque en el papel Briceño es uribista, dentro del partido hay reservas por su floja campaña a favor de la candidata Paloma Valencia.
Entonces, el líder natural del Centro Democrático, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, sintió las no muy veladas intenciones de imponer un nuevo liderazgo excluyendo a su partido y dijo que se defenderían “como abejas”. Fomentó entonces algo que parecía impensable: una alianza con la bancada del Pacto Histórico. Con inteligencia pragmática, estas dos fuerzas se sumaron para darle viabilidad a la presidencia de Henríquez, que también arrastró votos de otros partidos y derrotó a Deluque. Por más distancia que desee el presidente electo tomar de lo ocurrido, su plan se frustró. Se trata, claro, de un fracaso más simbólico que práctico, pero el Congreso hizo valer su autonomía.
En entrevista con El Espectador, eso fue lo que dijo Henríquez: “Estamos dispuestos a trabajar siempre en el principio de la colaboración armónica entre los distintos poderes, pero también basados en la independencia que nos asiste como tal. No somos un apéndice del gobierno”. Algo similar dijo el presidente electo De la Espriella. En un video, explicó que “el doctor Deluque, quien estuvo a mi lado, me manifestó su interés de aspirar a la presidencia del Congreso. Le dije: ‘Procede, consíguete los votos, construye los apoyos necesarios’. Lo mismo le dije a Álvaro Uribe: que cada candidato se rebusque los votos y que sea el Congreso el que tome la decisión y eso fue lo que ocurrió ayer”. También prometió respetar la independencia del Congreso. Como debe ser.
Colombia pierde cuando hay unanimidad y las mayorías aplastantes imponen sus deseos sin abrirse al debate. Ver al Centro Democrático y al Pacto Histórico votando juntos muestra que, a pesar de las diferencias, el Congreso es el espacio para encontrar puntos en común y llegar a posibles acuerdos. Lo mismo debe ocurrir en los próximos meses. El nuevo gobierno viene con mucha popularidad y cuenta con el respaldo de varios partidos, pero también va a dirigir un país dividido. Es una buena práctica que las reformas sean concertadas de cara a todos los colombianos. Ya vimos que lo único que falta para eso es voluntad política en los congresistas.
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