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El debate de la identidad nacional en Francia

CUATRO MESES DESPUÉS DE INICIAdo el polémico debate, Francia se decide a tomar medidas, en un plano bastante simbólico, para reforzar la identidad nacional. Un tema que le pertenecía a la extrema derecha, con su aversión hacia los inmigrantes, pero que el presidente Nicolás Sarkozy, antes de resultar electo, prometió abordar.

El Espectador

11 de febrero de 2010 - 06:00 p. m.
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En adelante, todos los estudiantes franceses portarán un carné ciudadano, las materias cívicas impartidas en los colegios tendrán mayor importancia, en cada curso habrá un cartel en el que se expone la Declaración de Derechos del Hombre, la bandera tricolor tendrá que ser izada todos los 14 de julio en que se celebra la caída del absolutismo y la toma de La Bastilla, y se estimulará el aprendizaje del francés para aquellos extranjeros que no lo dominan. Para estos últimos, además, habrá un contrato con derechos y deberes cuya firma es obligatoria para adquirir la nacionalidad.

En aras de una legitimación de las nuevas políticas, funcionarios plantearon que el interés de fondo no es otro que el de hacer respetar los valores del republicanismo. La preocupación —o el “problema”, como algunos se atreven a llamarlo— proviene de la llegada masiva de inmigrantes cuyas creencias contradicen la razón occidental. Con más de cinco millones, Francia es el país de Europa con el mayor número de musulmanes. Al respecto, en medio del debate promovido por el Ministro de Inmigración, una encuesta presentada por el diario  Le Parisien reveló que el 54% de los franceses consideran el Islam compatible con la sociedad.

Aunque su aceptación mejora entre las personas más jóvenes, una sensación de que algunas prácticas simplemente no encajan parecería coexistir con el silencio y las dificultades para abordar temas específicos que, por impopulares y sensibles, están próximos a convertirse en un tabú. Al respecto, la agresividad de la burka ha hecho de los derechos de la mujer el inicio de toda una discusión con consecuencias judiciales. Hubo quienes recomendaron, en el Parlamento, una ley que prohíba el uso del velo integral y el Ministerio de Inmigración informó de la negación de ciudadanía a un hombre que obliga a su mujer, quien ya tiene la nacionalidad francesa, a vestir la cuestionada prenda. Por considerar que esta es una actitud machista, la decisión fue validada por el Consejo de Estado. El periódico Le Figaro, en apoyo a la sentencia, explicó también que la actitud discriminatoria incluye la negación a darles la mano a las mujeres y el interés en que niños y niñas sean separados.

Pese a los comentarios de rechazo, los insultos y las diatribas protagonizadas por algunos sectores de la izquierda que se opusieron al debate, por considerarlo racista y xenófobo, no parece que las intenciones del presidente Sarkozy estén tan erradas. Un islamismo radical que no valora la igualdad entre los sexos en razón a sus preceptos religiosos es claramente contrario a los valores que caracterizan a la República.

No obstante sus aparentemente dignas intenciones, el debate contó con un muy bajo apoyo entre los ciudadanos. Otra encuesta de 20 minutes y France Info informó que el debate sobre la identidad nacional fue percibido como constructivo por un escaso 22,2% de los franceses. Además, el 53,4% piensa que, en vísperas de las elecciones regionales que se celebrarán en marzo, el debate obedeció a una estrategia electoral.

La polémica, pues, tiene más de un matiz. Y no es única de Francia como puede verse en las restricciones que otros países están implementando para quienes deseen acceder a una ciudadanía. Italia, Inglaterra y Alemania han expedido nuevas normativas ante la ausencia de una legislación comunitaria. Y ya antes, insisten los defensores de mayores políticas de integración que no estigmaticen a los inmigrantes, Suiza votó contra la construcción de minaretes en las mezquitas.

Por El Espectador

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