El desangre en Gaza

Continúa una lógica perversa de lado y lado. Aunque ambas partes desean la paz, simultáneamente adelantan acciones que la impiden. / Foto: AFP

Que cerca de 60 personas hayan muerto en la Franja de Gaza por disparos hechos por el ejército de Israel podrá tener diversas explicaciones, ninguna justificación y sí un firme rechazo. Justo cuando se cumplen los 70 años de su existencia como Estado, la represión contra las protestas palestinas por la apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén ensombrece de nuevo el panorama de la región. Urge una solución negociada que garantice la seguridad de Israel y la creación de un Estado palestino. No hay otra salida posible.

El reciente baño de sangre tiene en su origen varios motivos. El principal de ellos es la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de trasladar su sede diplomática a Jerusalén, tal y como lo había prometido en la campaña electoral. La medida contraviene varias resoluciones de Naciones Unidas al respecto, en el sentido de no reconocer a Jerusalén como la capital indivisible de Israel. Este tema, que ha sido uno de los más espinosos dentro de las negociaciones anteriores entre israelíes y palestinos, vuelve ahora a la palestra ante la confrontacional decisión de Washington. Estados Unidos, que en el pasado jugó el papel de mediador en el conflicto y trató de mantener una posición equidistante, a pesar de su apoyo incondicional a Israel, queda ahora jugado de manera definitiva al gobierno derechista de Benjamín Netanyahu, conocido por su intransigente visión del problema palestino.

De otro lado, como consecuencia de la independencia de Israel hace 70 años, se conmemora el llamado Día de la Nakba (o desastre, en árabe), para recordar que, tras la guerra que se libró allí en 1948, buena parte del pueblo palestino partió hacia el exilio, en una diáspora que no ha terminado. Hamás, el grupo terrorista proiraní que gobierna Gaza, convocó a una Gran Marcha del Retorno, para que quienes así lo deseen regresen a sus casas y tierras abandonadas. De esta manera se continúa con una lógica perversa de lado y lado. Aunque ambas partes desean lograr la paz, simultáneamente adelantan acciones que impiden que dicho objetivo se pueda alcanzar. Al menos a corto o mediano plazo. La peor parte la continúan llevando los ciudadanos palestinos, en especial en la Franja de Gaza. Azuzados por el radicalismo islamista de Hamás, que desconoce la existencia de Israel y promueve su destrucción, miles de personas cansadas de las muy difíciles condiciones de vida están dispuestas a jugarse el todo por el todo frente a los soldados israelíes. El saldo de los enfrentamientos en las últimas semanas ha sido más de 100 muertos y 10.000 heridos.

Así las cosas, las posiciones más radicales vuelven a posicionarse en el tablero de ajedrez regional. Netanyahu, con el apoyo de Trump, obtiene un importante logro político interno que lo fortalece. Del lado contrario, la presencia de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, queda desdibujada frente al liderazgo violento de Hamás. Las posiciones intermedias, que buscan un diálogo civilizado, en el cual se pueda llegar a concesiones con el fin de lograr la paz mediante la creación de un Estado palestino autónomo, han perdido totalmente su espacio.

El gobierno de Israel sostiene que advirtió con anterioridad a los habitantes de la zona, como en efecto lo hizo, que habría una respuesta contundente si intentaban sobrepasar la valla divisoria. Varios países, entre ellos Turquía y Sudáfrica, llamaron a sus embajadores en Tel Aviv a consulta. Sin embargo, y a pesar del derecho legítimo a su defensa y la necesidad de garantizar la seguridad interior, Israel se comporta cada día más como un país de ocupación. El uso desmedido de la fuerza y el saldo de muertos y heridos contradice su condición.

La posibilidad de que se retomen los diálogos entre las dos partes se ve cada día más lejana. Mientras la mesura no logre ocupar un lugar preponderante en la zona, la lista de muertos y heridos continuará aumentando día a día.

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