El Ejército toma en serio a la Comisión de la Verdad

El Ejército está planeando participar de manera activa en la recolección de información y en aportar su versión de lo ocurrido./ Foto: Gustavo Torrijos - El Espectador

Es apenas justo que el Ejército Nacional esté creando los mecanismos internos para aportar información de manera organizada, coherente y completa a los requerimientos que le hará la Comisión de la Verdad. Aunque un documento filtrado esta semana, que da cuenta de esos esfuerzos dentro de la institución, ha causado revuelo, la desconfianza, en este caso particular, nos parece infundada. Querer organizarse no implica impedir el acceso a la verdad ni incurrir en procesos de ocultamiento. Serán los comisionados los que, en su ejercicio de contraste con otras fuentes y versiones, utilicen esos insumos para contar la versión más integral posible de la historia del conflicto en Colombia.

Revelado por El País de España, Colombia conoció un documento de cinco páginas conocido como el Plan 002811. Firmado por el comandante del Ejército, Nicacio Martínez, el texto tiene como propósito “cumplir la estrategia para la construcción de la narrativa marco de memoria histórica del conflicto armado colombiano, que busca guiar la posición institucional en los espacios de verdad y memoria histórica”. Como parte de un proceso de reconciliación y memoria histórica, es un primer paso interesante hacia la colaboración de una institución que ha sido actor central en el conflicto nacional.

Una buena noticia que se desprende del documento es ver que el Ejército no solo respeta y se toma en serio la labor de la Comisión de la Verdad (pese a las voces políticas que han buscado deslegitimarla), sino que está planeando participar de manera activa en la recolección de información y en aportar su versión de lo ocurrido. “La participación activa y coordinada de los miembros del Ejército Nacional en la Comisión”, dice el documento, “le permitirá posicionar culturalmente el papel que ha jugado en la construcción de la paz y la democracia en Colombia”. Esta es una actitud mucho más productiva para el país entero y para el proceso del posconflicto que la obstrucción y el entorpecimiento de la labor de los comisionados.

Varias voces han expresado preocupación por el uso de las palabras “coordinadas”, así como por la creación de directrices sobre los tipos de información que se van a allegar a la Comisión. Si bien esa desconfianza es entendible en un año que ha visto al Ejército envuelto en persecuciones internas para castigar a quienes han denunciado atropellos en los medios de comunicación, nos parece que no aplica para este documento. Disponer equipos multidisciplinarios para que categoricen la información, garanticen su coherencia y puedan responder de manera eficiente sobre hechos puntuales es una buena práctica. No vemos motivos para leer mala fe detrás del aparato que se está construyendo.

Lo dijo el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión, en Blu Radio: “Es normal y es una responsabilidad de ellos, además de un ejercicio de legitimidad, que presenten su punto de vista. Para nosotros también es muy importante, porque en Colombia debe entenderse la racionalidad de las Fuerzas Armadas durante el conflicto”. Y agregó: “Las verdades que son verdades apologéticas no necesariamente son las más interesantes, pero son razonables. Cualquier institución trata de explicar su racionalidad”.

Que el Ejército presente su versión de los hechos no implica la aceptación irreflexiva de lo allí dispuesto. Para eso están los comisionados, y entre más fuentes tengan a su disposición, mucho más completa será su labor y más valioso el aporte que le harán al país. Así como el Ejército, todos los actores involucrados deben tomarse en serio a la Comisión de la Verdad. Colombia lo necesita.

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