
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Nos apresuramos en el editorial del pasado domingo al creer que el error del presidente Gustavo Petro en cuanto al cese bilateral con el Eln había sido superado con la guerrilla. Ayer, en pleno lunes festivo, el comando central de ese grupo fue clarísimo al decir que la impulsividad del presidente generó desconfianza e inestabilidad, y exigir que el asunto se solucione antes de que empiece la próxima ronda de negociaciones. Se trata de un tropiezo más en los diálogos con una guerrilla caprichosa y terca, con la cual hay que conversar con una prudencia que a veces le ha faltado al mandatario de los colombianos.
Según el Eln, el Gobierno habría mentido. Primero lo habría hecho el presidente, cuando anunció un acuerdo inexistente entre la guerrilla y el Gobierno para cesar el fuego. Después habría mentido Otty Patiño, jefe de la delegación del Gobierno ante el Eln, quien le dijo a Colombia+20 de El Espectador que el error del mandatario fue causado por “una mala lectura”. Según el comunicado de la guerrilla, el presidente “puso en crisis el desarrollo de la mesa de diálogos”, pues “no respetó ni las temáticas ni los procedimientos que se acordaron”. También agregaron que “la delegación del Eln sigue pendiente para darle continuidad al segundo ciclo acordado, pero antes se hace necesario tratar los últimos acontecimientos, para tomar los correctivos que garanticen la superación de esta crisis”, pues quieren entender “si se pretende imponer medidas unilaterales y más guerra”.
Ahora, es evidente que el Eln está haciendo un escándalo mucho más grande de lo que es necesario, quizá con el interés de inclinar la balanza a su favor en los diálogos con el Gobierno. Sí, el presidente cometió una imprudencia impulsiva —como lo dijimos en el editorial del domingo—, pero bajo ninguna lectura se puede interpretar el actuar del Gobierno Petro como estar buscando “más guerra”. No hay que olvidar que todo este debate surgió por un gesto de buena voluntad del Estado: la promesa de cesar el fuego durante las negociaciones y por un período de seis meses. Ese mismo anuncio ha servido para avanzar en procesos claves con distintos grupos, y ahora el Eln lo está utilizando de forma irresponsable para sembrar ellos la incertidumbre.
Sí, deben respetarse los mecanismos pactados y los tiempos de la mesa de negociación. También es cierto que el diálogo con el Eln es muy distinto a las conversaciones que buscan el sometimiento a la justicia. Empero, no podemos olvidar la historia de esta guerrilla, que lleva años actuando de manera caprichosa y cruel, buscando cualquier excusa para hacerle trampa al Gobierno de turno y sembrando dudas sobre su genuina voluntad de paz. El anuncio del lunes busca debilitar a la administración Petro, pero solo puede leerse como una exageración desconectada de la realidad.
El Gobierno debe hacer lo posible por superar el impasse, pero la guerrilla también debe comprender el momento histórico que se le presenta. Después de tantos fracasos, no es momento de torpedear los avances.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.
Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.