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El matoneo, fuera de control

El Espectador

28 de julio de 2023 - 09:00 p. m.
Que el acoso escolar sea tan común en los colegios de Colombia invita a pensar que hay mucho más que simple negligencia.
Foto: Jonathan Bejarano

El matoneo destruye vidas. Niños, niñas y adolescentes que son víctimas de violencia y distintas agresiones en sus colegios tienen más probabilidades de sentirse deprimidos, desarrollar cuadros de ansiedad e incluso cometer sus propios actos de violencia. Es un círculo perverso que en Colombia no hemos podido interrumpir. De los países de la OCDE, Colombia es el segundo que más bullying reporta. Una decisión reciente de la Corte Constitucional prende las alarmas sobre cómo los colegios no están empleando las herramientas necesarias para crear espacios libres de matoneo. Las consecuencias son gravísimas.

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Aunque la Sentencia T-252 de 2023 no publica los nombres de los involucrados, El Tiempo dio a conocer que el caso ocurrió en el Colegio Helvetia. Lo preocupante es que, más allá de la institución educativa en cuestión, las fallas que se denunciaron en la tutela son sistemáticas en toda Colombia. Cuando se trata de matoneo y más si es en espacios virtuales, los colegios del país se ven superados. Como dijo la madre de la víctima en Blu Radio, María José Quiceno, “en vez de buscar expertos que los acompañen a educar a toda la comunidad escolar alrededor de los temas de acoso, están pagando esos honorarios en abogados”. Esto debe cambiar.

En el caso particular, un niño empezó a mostrar problemas depresivos, trastornos alimenticios y anorexia nerviosa. Su familia supo que era por el matoneo ejercido por sus compañeros, que utilizaban medios digitales para agredirlo de manera constante. Sin embargo, en palabras de la Corte Constitucional, “la institución educativa no le prestó una educación asequible y adaptable a las circunstancias de salud física y mental que padecía el niño”. El alto tribunal dice que el colegio “debió percatarse de que las conductas sucedidas eran actuaciones de matoneo escolar dirigidas a menospreciar, de forma intencional y repetitiva, la dignidad humana del niño, toda vez que se enfocaban en cuestionar su apariencia física, su rendimiento físico, sus gustos musicales y artísticos, así como la simple necesidad de atender su condición de depresión y ansiedad”. Es necesaria la pregunta: ¿qué falla en los procesos pedagógicos para que no se tomen acciones adecuadas sobre problemas tan complejos?

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Que el matoneo sea tan común en los colegios de Colombia invita a pensar que hay mucho más que simple negligencia. Las instituciones educativas se enfrentan a un problema que no comprenden, que además muta gracias a los avances tecnológicos y que requiere inversiones ambiciosas de tiempo y recursos para los que no parece haber consideración. Hay referentes mundiales de qué se puede hacer para interrumpir los ciclos de violencia escolar, pero ejecutarlos requiere ir más allá de reconocer el problema. Si no hay un compromiso institucional y no se crean espacios seguros para la denuncia y el diálogo, pasan situaciones lamentables como la ocurrida en este caso.

Necesitamos que en medio de los debates sobre reforma a la educación se incluyan planes contundentes contra el matoneo en colegios. Nuestro país no puede seguir abandonando a sus niños, niñas y adolescentes.

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