Nuevamente el Partido Conservador podría estar confrontado a un escenario en el que no tendría candidato a la Presidencia. No hay que olvidar que el Conservatismo ha logrado lo que parece imposible en la política: tener poder sin aspirar a la primera Magistratura. En el 2002, un pequeño grupo acompañó la candidatura de Noemí Sanín, pero el grueso votó por Álvaro Uribe. En el 2006 no presentaron candidato y los conservadores nuevamente respaldaron al actual presidente. A cambio de no competir electoralmente, han recibido una nada despreciable cuota de poder que les permite aceitar sus maquinarias regionales. El Partido Conservador ha sido un sólido pilar de la mayoría presidencial aportando con disciplina —premiada en la burocracia por lo demás— un porcentaje significativo de los votos que aseguran la gobernabilidad en el Congreso.
Pero detrás de la discusión sobre la consulta hay una agria disputa por el poder interno. El Conservatismo está, como el país, dividido en uribistas y no-uribistas. La fracción partidaria del Presidente está encarnada en la figura de Andrés Felipe Arias. La opuesta preferiría la candidatura de Noemí Sanín. Pero en realidad lo que está planteado es un combate entre Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, este último empeñado en separar al Conservatismo de la coalición uribista.
En este primer round parece haber ganado Pastrana. Se postergó la consulta y se permitió la inscripción de nuevos candidatos, lo que le permite a Noemí Sanín encontrar un lugar dónde alojar su candidatura, si bien en el acuerdo los candidatos inscritos se comprometen a no seguir adelante en caso de que el presidente Uribe pueda ser candidato. Si la ex embajadora no toma esa percha que el partido le tiende será muy difícil para ella cumplir con los requisitos que permitan su inscripción electoral. No hay que olvidar el enorme esfuerzo que figuras como Martha Lucía Ramírez o Sergio Fajardo han tenido que realizar para poder mantener sus candidaturas independientes.
El presidente Uribe habría preferido la consulta del próximo 27 de septiembre que Andrés Felipe Arias seguramente ganaría. Un hecho de esta naturaleza le habría dado al ex ministro de Agricultura la legitimidad de las urnas y lo hubiera puesto en una inmejorable posición para negociar antes o después de la primera vuelta a la Presidencia.
Pero pudieron más los argumentos de los congresistas y del Directorio. Algunos estaban aterrados con una posible estruendosa derrota del partido frente al Liberalismo, que el mismo día programó su consulta, respaldada por el empuje de los miles de aspirantes a los directorios departamentales y municipales. Un resultado flojo en la consulta habría sido interpretado por la opinión como un castigo a los parlamentarios y al Directorio Conservador por su falta de independencia frente al presidente Uribe. Ante esta posible sanción en las urnas, forzaron el brazo de Arias y lo obligaron a aceptar el aplazamiento.
Como todo el país, el Conservatismo quedó pendiente de la estrategia que fije el Presidente para el referendo. La agenda y el calendario del partido los decide Álvaro Uribe, político de origen liberal y antioqueño. ¿Qué pensarán en sus tumbas Caro y Ospina?