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El peligroso costo de olvidar la historia

El Espectador

22 de febrero de 2025 - 12:00 a. m.
El matoneo de Donald Trump contra Ucrania lo vuelve un compinche de Vladimir Putin y acerca al mundo a un estado de caos y desestabilización.
Foto: EFE - Munich against Hate/HANDOUT

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cometió un error devastador frente a la guerra que Rusia inició contra Ucrania hace tres años. Su compinchería con un autócrata como Vladimir Putin, el anuncio del retiro del apoyo militar y económico al país agredido, así como los comentarios humillantes contra el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, son la puesta en práctica de sus promesas de campaña. Para Trump, el fin del conflicto requiere que Kiev entregue a Moscú los territorios que los rusos han conquistado mediante la guerra, incluida la península de Crimea, y le entregue a Estados Unidos la explotación de materiales de gran valor tecnológico. Con sus variables, esto ya sucedió hace cerca de un siglo y repetir la historia puede tener un costo inimaginable.

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Lo que está sucediendo con la integridad de Ucrania se debe considerar como “una puñalada por la espalda”. Alinearse con un dictador megalómano como Putin y obligar a Zelenski a que legitime el despojo es un despropósito. Trump, mintiendo, definió al presidente de Ucrania como un “dictador sin elecciones”, lo acusó de ser el responsable de la guerra y lo calificó de “cómico de éxito modesto”. El presidente estadounidense busca debilitar a Zelenski por todos los medios y obligarlo a aceptar las imposibles condiciones del Kremlin. Es una táctica de matoneador.

En respuesta, Zelenski optó por la prudencia al decir que, “infortunadamente, con todos mis respetos, el presidente Trump vive en una burbuja de desinformación”. La semana pasada se iniciaron unas negociaciones entre Washington y Moscú en Riad (Arabia Saudita), excluyendo al presidente ucraniano y a los más importantes países europeos.

A comienzos del siglo pasado, George Santayana, filósofo español que se radicó en Estados Unidos, dijo con total razón que “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Hace una semana hubo una reunión de seguridad en Múnich (Alemania), donde el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, defendió la política frente a Ucrania y se alineó con los movimientos de ultraderecha en Europa, y en especial de Alemania.

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En 1938, el dictador y genocida Adolf Hitler convocó a Italia, Gran Bretaña y Francia a una reunión allí también en Múnich, para decidir el futuro de la región de los Sudetes, un pedazo de Checoslovaquia que Alemania había invadido por considerarlo propio. Luego de tensas negociaciones, se firmó el Pacto de Múnich, en el cual Londres y París le entregaban ese territorio a Hitler y este se comprometía a desistir de cualquier acción adicional en dicho país. El primer ministro británico, Neville Chamberlain, fue recibido como un héroe en Londres por haber evitado una nueva conflagración, y algo similar sucedió con el presidente francés Édouard Daladier. A los seis meses, Alemania invadió toda Checoslovaquia y, ante la pasividad mundial, en septiembre lo hizo con Polonia, desencadenando la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos mantuvo su aislacionismo, por ser un problema europeo, y el presidente checo no fue invitado a la reunión.

Quien no recuerda el pasado…

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