El populismo al poder

El discurso plagado de mentiras, de miedo y de odio se posiciona como un camino viable para el triunfo en las urnas.

En política se sabe que una cosa es el discurso del candidato y otra distinta lo que hará como presidente. / Foto: AFP

La incertidumbre se apodera de Estados Unidos, y del mundo, ante el triunfo de Donald Trump. Es claro ejemplo del populismo que se propaga de nuevo, y de manera peligrosa, por diversas partes del planeta. Con un discurso cargado de mentiras, odio, xenofobia, racismo, sexismo y promesas sin contenido, no hay claridad sobre cómo será el Trump gobernante. Lo ocurrido el martes amerita una reflexión sobre sus causas y consecuencias.

Los resultados adversos del brexit y del reciente plebiscito en Colombia demuestran que el populismo obtiene réditos y que las encuestas siguen fallando. El uso de la demagogia, para señalar como culpables de todos los males a las minorías, se vende demasiado bien ante un electorado temeroso. El sistema de pesos y contrapesos en el país del norte queda fuertemente debilitado ante una figura tan incierta y dado que el Senado y la Cámara continúan en manos de los republicanos. La caída de las bolsas, que transparenta los grandes interrogantes sobre el futuro del país, no es gratuita. Trump no tiene ninguna experiencia de gobierno y, a lo largo de la campaña, hizo gala de un profundo desconocimiento de la mayoría de los temas nacionales e internacionales.

Sin embargo, el electo presidente se vendió, como buen negociante, como el empresario antiestablecimiento capaz de generar riqueza para todos los excluidos del sistema. Hacer grande de nuevo el país mediante medidas radicales contra los inmigrantes ilegales, en especial los latinos, y una descalificación de la comunidad musulmana. Sus seguidores se dicen hastiados del actual presidente y de los congresistas en Washington, que no resuelven sus problemas. La irresponsable amenaza de encarcelar a su contendora fue aclamada como una reivindicación de quienes lo ven como el único capaz de pasar una cuenta de cobro a quienes detentan el poder. No le importó insultar y descalificar a la mayoría de los dirigentes de su partido; entre ellos, los competidores en las primarias.

En política se sabe que una cosa es el discurso del candidato y otra distinta lo que hará como presidente. Ejemplos abundan. De hecho, en su discurso de aceptación del triunfo, el millonario asumió un tono de estadista, al llamar a la unidad y su deseo de gobernar para todos los estadounidenses. Esto, sin embargo, está por verse.

Si Trump cumpliera una parte de sus promesas en materia internacional, surgirían varios focos de preocupación y conflicto: revertir el proceso de restablecimiento de relaciones con Cuba; replantear el acuerdo con Irán; enviar tropas a Siria para enfrentar al Estado Islámico; abandonar la Organización del Atlántico Norte, dejando a varios países europeos a merced de Vladimir Putin; retirarse del Tratado de Comercio de América del Norte, con Canadá y México; construir un muro en la frontera con México y que dicho país pague por el mismo, amén de la revisión y renegociación de otros tratados de libre comercio con diversas regiones y países del mundo.

Para Colombia, las cosas no serán distintas. No es claro cuál sería su posición frente a los acuerdos de paz debido a la intermediación de Cuba y Venezuela. Lo mismo frente al nuevo Plan Colombia para al posconflicto. En el campo económico queda la incertidumbre frente al acuerdo de libre comercio que llevó tanto tiempo negociar y concretar. Lo anterior, sumado a la posible expulsión de los miles de compatriotas que podrían ser deportados del país del norte.

Sólo queda esperar que la razón y la mesura acompañen al presidente electo. Sin embargo, queda el negativo precedente de que el populismo sigue calando hondo dentro del electorado y que el discurso, plagado de mentiras, de miedo y de odio, es un camino viable para el triunfo en las urnas.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected]

Temas relacionados

 

últimas noticias

La minería y las consultas populares

Un juez no debería comportarse así