El problema de los “me gusta”

¿Qué pierde una persona cuando sólo es expuesta a lo que quiere ver?

Cuando la principal fuente de información de las personas son los enlaces que consumen a través de Facebook, es importante cuestionarse sobre la ausencia de visiones opuestas.

Las identifades que se construyen blindándose por completo de ideas opuestas a las propias tienden a ser mucho más dogmáticas y cerradas en sus opiniones y, por ende, en sus actos y en la forma de entender el mundo. Por eso, no es intrascendente la pregunta sobre cómo podemos evitar crear burbujas de pensamiento que no hagan más que apoyar ciertos sesgos.

El problema no es nuevo, por supuesto. Hablando sólo desde que existe la prensa en Colombia, no se puede olvidar que muchos periódicos nacieron —y murieron— muy cercanos a corrientes políticas, lo que ayudaba a difundir ciertas ideas y a construir audiencia alrededor de conceptos compartidos. El problema es que entonces nació la costumbre de sólo leer (y ver y oír) aquellos espacios donde sabemos que vamos a encontrar conclusiones similares a las nuestras, lo cual, en efecto, sirve para fortalecer ciertas posiciones, pero nos aísla de los debates más complejos, que surgen cuando hay diversidad en los argumentos.

La evolución de este problema en internet se ve agravada porque la manera en que la gente se informa depende cada vez más de algoritmos y redes sociales que no hacen más que ayudar a solidificar los sesgos.

Primero fue Google, que fue acusado de mostrar resultados de búsqueda muy distintos dependiendo de quien busca. Si bien esto tiene cierta utilidad para los usuarios en cuestiones de conveniencia —y, dirán las empresas tecnológicas, esa debería ser su única motivación—, lo que logra es que esa persona no se vea expuesta a posiciones que podrían nutrir su punto de vista e incluso cambiar por completo su manera de pensar.

Ahora es Facebook, que aporta el 40 % del tráfico que reciben los sitios de noticias. En un anuncio reciente, la red social dijo que modificó su algoritmo para que los usuarios vean sólo aquel contenido de sus familiares y amigos “que de verdad quieran ver” y que los “entretenga”. ¿Qué pierde una persona cuando sólo es expuesta a lo que quiere ver?

La elección de aislarse por completo de la diferencia está, claro, dentro de la autonomía de cada persona, pero cuando eso ocurre gracias a procesos invisibles, ayuda a materializar la idea de que la forma individual de ver el mundo es la única válida y no es necesario entrar en ningún proceso de reflexión personal.

Lo vemos a diario en el debate político colombiano. Las discusiones parecen más bien sermones repetidos por miembros del mismo nicho, pero rara vez atraviesan al otro lado y les hablan a los “oponentes”, ni mucho menos permiten que otras voces entren en consideración. Esa es la cultura que fomenta el nuevo algoritmo de Facebook.

Si cuando alguien expresa una opinión sólo recibe un “me gusta” como respuesta, ahí queda. Pero si esa posición es recibida con un “¿por qué?”, empieza un ejercicio que fortalece los argumentos y, en ocasiones, los derrota y fomenta el crecimiento en conjunto.

Es momento de hacer un esfuerzo consciente por buscar variedad en nuestro consumo cultural, y no olvidar que son las nuevas generaciones las que se van a formar bajo estas nuevas reglas. A ellas también hay que mostrarles la importancia de un debate rico en posiciones.

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