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22 Nov 2021 - 5:00 a. m.

El retiro de Nicaragua de la OEA

El régimen nicaragüense se va de la OEA, siguiendo los pasos que llevó a cabo Nicolás Maduro en Venezuela. / Foto: Organización de Estados Americanos
El régimen nicaragüense se va de la OEA, siguiendo los pasos que llevó a cabo Nicolás Maduro en Venezuela. / Foto: Organización de Estados Americanos
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El viernes pasado, el régimen de Daniel Ortega anunció el retiro del país de la Organización de los Estados Americanos (OEA). El inicio del procedimiento, que se deberá cumplir dentro de dos años de acuerdo al reglamento del ente hemisférico, sigue los lineamientos de lo que en su momento llevó a cabo Nicolás Maduro en Venezuela al irse de la OEA. Junto a Cuba, cuyo gobierno no ha querido regresar al organismo regional, serán tres las dictaduras que están por fuera de lo previsto en la Carta Democrática Interamericana (CDI). Nicaragua necesita la cooperación internacional y el comercio con Estados Unidos para mantenerse a flote, por lo cual el paso que ha dado puede ser un disparo en el pie.

Desde las recientes y fraudulentas elecciones, Ortega y su esposa vicepresidenta, Rosario Murillo, han sido cuestionados por la mayoría de los países de la región. En la reciente Asamblea General de la OEA se aprobó una resolución, que fue respaldada por 25 Estados miembros, mediante la cual, y a pesar de que no se pudo activar de inmediato la aplicación de la CDI, se consideraron ilegítimos los comicios y se solicitó a su secretario general a presentar un análisis de la situación, a finales de mes, para determinar si se dan los requisitos previstos para su inmediata aplicación. La respuesta del régimen en Managua fue la de adelantarse a cualquier sanción y anunciar su salida.

El canciller nicaragüense, Denis Moncada, al anunciar su denuncia del tratado que dio origen a la OEA, dio paso a una diatriba antimperialista, al decir que la Organización fue “diseñada como foro político diplomático que nació por influencia de Estados Unidos como instrumento de injerencia e intervención, y su actuar en contra de Nicaragua”. Una vez más un gobierno dictatorial, que lleva a cabo un remedo de elecciones con siete candidatos de oposición encarcelados, un alto número de presos políticos en sus cárceles y otro gran grupo de personalidades que ha tenido que huir del país, se escuda en un discurso nacionalista y alega la no intervención en sus asuntos internos para violentar el Estado de derecho.

Existe una preocupante deriva autoritaria de ciertos gobiernos en la región que, sin importar su color político, deciden cooptar los demás órganos y se apoderan para su beneficio del Poder Legislativo y el Judicial. Igual suerte suelen correr los entes de control, además de las fuerzas armadas y de policía, que quedan sujetos al antojo del caudillo populista de turno. Precisamente, para prevenir o actuar en casos en que se presenten situaciones similares fue adoptada, hace 20 años, la Carta Democrática Interamericana, que ha sido empleada con éxito en anteriores ocasiones y en otras no se ha contado con el número de votos suficientes para que pueda ser activada y puesta en práctica.

En el caso de Nicaragua, los 34 países que la integran podrán demostrar a la región y a los demás países de la comunidad democrática internacional que se pueden adoptar mecanismos como la CDI para preservar la institucionalidad y el respeto por el Estado de derecho en las Américas. Su secretario general, Luis Almagro, ha solicitado ya en dos ocasiones que se active la Carta frente al régimen de Managua, luego de infructuosas gestiones para llevar a cabo un acompañamiento que le permitiera a Ortega adecuar sus normas electorales y democráticas con los estándares de los demás Estados miembros de la OEA. Ortega-Murillo prefirieron desconocer las normas internacionales y, de esta manera, retan una vez más a la comunidad interamericana.

El régimen en Nicaragua apuesta a que en el seno del organismo regional no se logren los 24 votos necesarios para iniciar el largo proceso que podría, tras agotar una serie de instancias de cooperación multilateral, llegar a la exclusión del gobierno centroamericano de la organización. Es de esperar que el dictador esté equivocado en su apreciación.

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